La elección de Nicholson obedeció a dos factores:
Cabe recordar que la otra lista en que se divide la UIA es «Industriales», que tiene como fuerzas inspiradoras a Techint y a Arcor, y cuya figura más visible es el textil José Ignacio de Mendiguren.
Una vez designado el presidente -que tiene a su cargo nada menos que la confección de los paneles, las invitaciones a propios y ajenos y la apertura del encuentro- la pelea ahora es por el temario: desde «Industriales» querrían poner el acento en el desarrollo, la falta de crédito, la necesidad de políticas coordinadas en un plan para alentar la inversión y dar seguridad jurídica a los empresarios; el oficialismo de la UIA seguramente no se opondrá a tratar estas cuestiones, pero intentará suavizarlas ante la cuasi certeza de que la presidente Cristina de Kirchner volverá al Sheraton Pilar a cerrar la Conferencia.
La otra gran cuestión es si esta vez el evento será mucho más grande que lo habitual; cada año en el mencionado hotel suburbano se reúnen unos 500 empresarios e invitados, pero este año habría la intención de organizar un megaevento para estar -según adelantó a este diario una alta fuente de la UIA- «a tono con el festejo del Bicentenario».
Estos serán algunos de los tópicos que tratarán hoy por la tarde los casi 80 dirigentes industriales que se reunirán para la sesión de la Junta Directiva de la UIA, especie de parlamento de la entidad en la que están representada las regiones las ramas de la industria. Hoy las sesiones no podrán ser presididas por Méndez, que se ausentará por estar atravesando una difícil situación en su familia.
El tema central, sin embargo, volverá a ser la falta de energía que asola a las fábricas. Tal como adelantó este diario la semana pasada, los empresarios saben que, hasta que no pasen los fríos más rigurosos, no habrá gas para sus máquinas.
No son pocos los que, medio en broma, medio en serio, parafrasean al entonces ministro de Economía Álvaro Alsogaray y su celebérrima sugerencia: «Hay que pasar el invierno».
La otra cuestión que estará sobre la mesa será la de la intención oficial de recortar al mínimo posible las importaciones, atento a que la balanza comercial arroja algunos signos alarmantes. Lo llamativo es que las protestas son mínimas: muchos de los que importan son los mismos que fabrican, y comenzaron a traer mercadería de afuera justamente porque los costos internos (energía, aumentos salariales, tipo de cambio «clavado», etc.) así lo aconsejaban.
«Si traban la importación, volveremos a vender lo que fabricamos. Y cuando se acabe, se acaba...», dijo a este diario un fabricante-importador de indumentaria.
Ese, como varios otros sectores, están trabajando al 100% de su capacidad instalada; en muchos casos los artículos importados vienen a suplir la falta de oferta ante la creciente demanda, dado que desde hace una década no se verifican inversiones de peso para incrementar la capacidad instalada del aparato productivo del país.


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