28 de marzo 2014 - 00:00

Lejos del humor televisivo, Campi también hace reír

En todo momento, Campi brinda una actuación convincente y de gran compromiso físico. Aunque su punto flojo es el humor político, donde se lo ve inseguro y algo falto de información, de ese tema sólo se ocupa un personaje.
En todo momento, Campi brinda una actuación convincente y de gran compromiso físico. Aunque su punto flojo es el humor político, donde se lo ve inseguro y algo falto de información, de ese tema sólo se ocupa un personaje.
"Campi, el unipersonal". Libro, Dir. Gral. e Int.: M. Campilongo. Puesta en escena: R. Gigliotti. Titiriteros: M. Zanone y S. González (Multiteatro).

Campi
(Martín Campilongo) saltó a la fama de la mano de Marcelo Tinelli imitando a un abanico de celebrities. También encontró inspiración en gente común y corriente que le permitió crear personajes tan entrañables como Jorge, un veterano animoso y conversador que reaparece en este unipersonal, estrenado durante la temporada marplatense.

Cuando Campi actúa en teatro deja de lado las humoradas televisivas de impacto fácil y resolución rápida para componer, con más detalle y profundidad, tipos humanos de diverso perfil y marco sociológico. Si bien abundan los chistes picarescos y los trazos de caricatura, cada personaje va imponiendo su humanidad sin dejar de provocar risas.

Los sketchs más efectivos son aquellos en donde la caracterización se ve acompañada por un contexto cargado de conflictos. Tal el caso del rockero "fumón" (un joven que en pleno delirio entra con sus amigos a un conocido local de hamburguesas) o el del millonario arrogante (de apenas un metro de altura) que por primera vez se encuentra con "un pobre" en su country de zona norte.

En todo momento, Campi brinda una actuación convincente y de gran compromiso físico. Aunque su punto flojo es el humor político donde se lo ve inseguro y algo falto de información. Pero de ese tema sólo se ocupa un personaje (el taxista que abre el show). En el resto de los cuadros predominan los retratos urbanos y las anécdotas de otros tiempos, como la visita al Italpark que narra Jorge.

Campi se multiplica en escena y consigue que el espectador "vea" a todos esos interlocutores imaginarios con los que él interactúa. Un equipo de titiriteros con técnicas de teatro negro subraya el delirio de cada cuadro con la inclusión de gatos, gallinas y un loro en peligro.

La oportuna supervisión artística de Antonio Gasalla a pedido de Campi- sin duda benefició a este show, que no sólo está pensado para los fans del humor televisivo.

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