11 de febrero 2013 - 00:00

“Literatura y rock argentinos marcaron mi adolescencia”

Sandro Rodríguez Rey, figura del Festival Colombia Cultural.
Sandro Rodríguez Rey, figura del Festival Colombia Cultural.
TM Escritor, hombre de teatro, cine, y algo de televisión, profesor universitario, periodista cultural y rolinga de alma, Sandro Rodríguez Rey es una de las personalidades del Festival Colombia Cultural que se desarrolla en estos días en Buenos Aires. Charlamos con él.

Periodista: Autor de novelas, ensayos, recopilador, actor, director, guionista, guitarrista de rock, ¿cómo se define?

Sandro Romero Rey: Tengo varias personalidades. Por ejemplo, la literaria habla en primera persona. La teatral, ahora que lo pienso, a veces parte de mi opinión sobre el mundo. La de periodista cultural opina con vehemencia y positivamente, porque soltar veneno sobre lo poquito que se hace es un atentado. Allá siempre hay que estar diciendo que la cultura ocupa un lugar fundamental. Ante la Ley de Cine muchos periodistas dijeron «el país no necesita hacer cine, eso es para los países desarrollados». Pero en 2012 ya hubo 23 películas. En los noventa apenas había una por año.

P.: Usted empezó en los ochenta. ¿Qué era Caliwood?

S.R.R.: Si en Colombia podemos hablar de cine de autor, y de terror, es a partir de esa experiencia en la ciudad de Cali. Eramos unos amigos caleños que nos reuníamos los sábados en el cineclub del escritor Andrés Caicedo. Ahí nos formamos. El se suicidó sin poder hacer cine (incluso habia llevado unos guiones a Roger Corman), pero luego nosotros empezamos a hacer largos. Existía Focine, que otorgaba créditos. «Pura sangre», de Luis Ospina, fue nuestra primera película colombiana de terror. Enseguida, «Carne de tu carne» y «La mansión de Araucaima», de Carlos Mayolo, que hablaba de gótico tropical. Aspirábamos a hacer obras de género, y éramos muy localistas. No queríamos hacer cine a la americana. Creo que quienes ayudamos a empujar ese carro aportamos en gran forma. También el universo plástico de Oscar Muñoz, que ahora puede verse acá, en el Malba, aportó mucho.

P.: ¿Y después?

S.R.R.: Casi todos terminamos en Bogotá. Ya se han ido borrando los prejuicios entre las provincias y una capital que se proclama «2.600 metros más cerca de las estrellas». Ospina hizo «Soplo de vida», que era cine negro, pero sobre todo se dedicó al documental. Y Mayolo a fines de los ochenta metió todos sus fantasmas gótico tropicales en «Azúcar», una telenovela, con mucho éxito de público. Pero después se alcoholizó totalmente. Ahora hay otra generación de cineastas caleños, que hacen distintos géneros.

P.: Pero no es aquella Caliwood. ¿Recuerda «En busca de María»?

S.R.R.: Con muchísima emoción. Es de Ospina y Jorge Nieto, mezcla de documental y puesta en escena de cómo habría sido el rodaje de la película muda «María», a juzgar por los únicos 30 segundos que lograron conservarse. Reconstruimos algo de ese rodaje usando la cámara original y contrapunteamos con la protagonista Estela López, que todavía vivía, y con los herederos de los directores Máximo Calvo y Alfredo del Diestro. En la escenificación, yo era Efraín, el enamorado («María» se basa en la novela de Jorge Isaac, nuestro escritor romántico de cabecera). En esa obra vemos cómo de modo dramático se pierden las imágenes, y la memoria.

P.: Vayamos a «Sonido bestial».

S.R.R.: Esa era una deuda con nuestros padres musicales Richie Ray y Bobby Cruz, dos puertorriqueños salseros que en los sesenta se volvieron ídolos en Cali. Ahí nació su leyenda, y la ciudad se volvió el lugar que les da el sello de calidad a los mejores salseros. Ellos eran maravillosos, drogados, y locos, y en 1974 Dios les habló. Desaparecieron del mundo, se volvieron cristianos, se hicieron pastores, y trataron de hacer salsa proselitista. Después reaparecieron con la clásica. Ahora tienen sus iglesias y sus conciertos. Filmarlos fue complicado, había problemas de derechos en manos de disqueras desaparecidas, etcétera, pero lo hicimos, gracias a una amiga, Sylvia Vargas. Estrenamos el 8 de noviembre último en un festival de Cali que organiza Ospina, ellos estuvieron, actuaron, fue una noche bellísima. Hace cincuenta años que tocan, son coetáneos de los Rolling.

P.: Otros que también le gustan.

S.R.R.: Soy un rolinga total. Los he visto ya nueve veces, pero nunca en Buenos Aires, donde tengo estupendos amigos, sobre todo en el mundo del rock, como Fernando Samalea. En Colombia existe una relación de amor-odio con los argentinos, pero en mi caso es amor total, mi adolescencia está marcada por su literatura, su rock es como el folklore de mi generación.

P.: Irónicamente, en una película de guión suyo no se oye un rock argentino, sino una canción de Leo Dan.

S.R.R.: «A la salida nos vemos», que evocaba los sesenta. Claro, al director Carlos Palau le gustaban mucho los baladistas de esa época.

P.: Después le escribió otro guión.

S.R.R.: «Sueño del Paraíso», relacionado con la novela «María», porque un japonés se enamoró de ella, la tradujo, y al leerla muchos japoneses decidieron emigrar al Valle del Cauca, que imaginaban como un paraíso. Pero terminaron en una suerte de campo de concentración cuando Colombia le declaró la guerra al Eje. La película abarca 30 años, con una historia de amor que trata de emular aquella de María. Y como buena historia romántica tiene un final trágico.

Entrevista de Paraná Sendrós

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