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Liza Minnelli embelesó a sus fieles con la rutina habitual
Con mejor voz que en su visita anterior, y un repertorio muy parecido (incluyendo el set «Cabaret», por supuesto) Liza Minnelli dejó contentos a los fans que llenaron el Luna Park.
Evidentemente, «Cabaret» dejó un recuerdo imborrable en la memoria de muchísima gente en todo el mundo. Y es también muy fuerte el romance que se estableció entre Liza Minnelli, su protagonista femenina, y ese público. Porque desde el estreno de ese film pasaron nada menos que 37 años y, desde entonces, sin que prácticamente nada de lo que hizo después estuviera ni remotamente a esa misma altura, ella sigue siendo amada, admirada, respetada, venerada sin mayores reflexiones.
En todos estos años, Liza Minnelli pasó por relaciones y conflictos afectivos, exhibió públicamente sus problemas con las adicciones, tuvo subidas y bajadas. Lo que nunca logró fue potenciar artísticamente lo que hizo en aquella película. Y sin embargo, con 63 años -cumplidos en Buenos Aires-, sigue generando una convocatoria y una devoción que rompen con muchos de los moldes del marketing. Y el Luna Park repleto para su única función es una prueba de ello.
Quizá se trate simplemente de una artista a la que se le puede perdonar todo. Como que visita tras visita repita una buena parte de su repertorio, o que se respalde en un sonido orquestal remanido y antiguo de show de Las Vegas, o que sus rutinas actorales muchas veces bordeen lo ridículo. A diferencia de su anterior visita a la Argentina hace un par de años, esta vez su garganta se mostró mucho más sana y, aunque se nota el paso del tiempo, pudo técnicamente -y, en consecuencia, expresivamente-, con canciones como «Maybe this time», «My Mammy» (a dúo con su pianista Johnny Rodgers) o «Every time we say goodbye» de Cole Porter, con el que cerró su actuación, en los que fueron los fragmentos artísticamente más fuertes de su concierto.
Hubo, por supuesto, varios momentos «Cabaret»: con «Life is a Cabaret», el citado «Maybe this time» o «The World goes 'round»; también un tango a la francesa («What makes a man a man» de Charles Aznavour de factura más o menos reciente); un recuerdo para su actuación en el musical «Chicago» («I am my own best friend»); una versión de la graciosa «Liza with a Z» y, desde luego, la esperada interpretación de «New York New York».
Nada nuevo bajo el sol, pero todos salieron igualmente muy felices.


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