En su primer discurso en Polonia, el pontífice argentino instó a los gobernantes a evitar la emigración de sus compatriotas pero también a abrirse a los inmigrantes.
Francisco retomó su preocupación por el drama de la inmigración y su mensaje cobró mayor relevancia al hacerlo en un país cuyas autoridades ordenaron el cierre de fronteras a los refugiados e inmigrantes.
"Se han de identificar las causas de la emigración en Polonia dando facilidades a los que desean regresar, pero al mismo tiempo hace falta disponibilidad para acoger a los que huyen de las guerras y el hambre, solidaridad con los que están privados de sus derechos universales, incluido profesar libremente y con seguridad la propia fe", afirmó durante un discurso.
"Se trata pues de hacer todo lo posible para aliviar sus sufrimientos, sin cansarse de trabajar y continuar trabajando por la justicia y la paz, dando testimonio con los hechos de los valores humanos y cristianos", les recordó.
Tras los discursos, Francisco se reunió en privado con el presidente Andrzej Duda en la llamada Sala de los Pájaros. Después visitó la catedral de Cracovia, donde escuchó el saludo del cardenal arzobispo de la ciudad, Stanislaw Dziwisz, histórico secretario de Juan Pablo II. Allí se detuvo en oración ante la tumba de San Estanislao, el patrón de Polonia, y de las reliquias del Papa polaco.
Como sus dos predecesores, Francisco visitará hoy el santuario mariano de Czestochowa y mañana el campo de concentración de Auschwitz-Birkenau, donde alrededor de 1,1 millón de personas murieron.
| Agencias EFE y AFP |


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