4 de junio 2014 - 00:00

Lo que se dice en las fábricas

Lo que se dice en las fábricas
Posiciones encontradas, con pocos grises. Ese parece ser el balance sobre cómo se vienen dividiendo las aguas entre los industriales a partir de la primera gran embestida que el titular de la UIA, Héctor Méndez, hizo contra el Gobierno en los últimos días. Los más levantiscos dirigentes de la entidad, que en general plantean sus protestas y sus llamados a rebeliones hacia dentro y nunca hacia fuera, aplaudían el lunes pasado en reuniones en la sede de Avenida de Mayo. "Era hora de que Héctor levante el perfil, después de años de callarse ante el Gobierno", se entusiasmaba un dirigente siderúrgico. Otro, del rubro de los químicos, le salió al cruce y cuestionaba por falta de timming al presidente de la UIA por haber salido a criticar al kirchnerismo a horas de haberse firmado el acuerdo con el Club de París. La polémica de ayer fue entre Méndez y Jorge Capitanich por la situación de la industria plástica. Mientras el jefe de Gabinete dijo que Méndez da datos que "no se ajustan a la realidad" porque "entre los años 2003 y 2013 la producción de caucho y plástico se expandió un 83,8% según la encuesta industrial del INDEC". Además, explicó que "en estos años la tasa de crecimiento promedio fue equivalente al 6,3% y durante la convertibilidad, 1991-2001, la tasa de crecimiento fue equivalente al 3%". Dos días antes, Méndez y Capitanich se habían peleado porque el primero pedía un ajuste y el segundo dijo que si se le hacía caso al presidente de la UIA, los industriales "no tendrían a quien venderle".

• A contramano de Méndez, sorprendió al Gobierno que la Asociación Empresaria Argentina (AEA) haya sido de las primeras en saludar al Gobierno por el cierre del acuerdo con el Club de París. La entidad agrupa a varias de las multinacionales y grandes empresas que en los últimos tiempos fueron acusadas de "formadoras de precios" y "culpables de la inflación". AEA es además la entidad donde milita y decide el Grupo Clarín. Sin embargo, sobre el acuerdo firmado el jueves, AEA declaró que "siempre ha insistido en que una plena integración al mundo, y en particular el acceso normal a fuentes externas de financiamiento, son objetivos de gran importancia, ya que contribuirán de manera decisiva al desarrollo de nuevas inversiones productivas, la creación de empleos y el aumento de los niveles de vida de todos los argentinos".

En el medio de la disputa oral entre Capitanich y Méndez, lo que realmente preocupó a los industriales esta semana fue la crisis de la autopartista Gestamp. A esta altura se considera como un "capricho del Gobierno para no reconocer un error", a la falta de novedades con respecto al "impuestazo" que se impuso al sector a fines del año pasado "que con la devaluación de enero fue una doble Nelson completa", según reflexionaba el viernes un responsable del área de relaciones institucionales de una terminal. Pero lo que ahora empieza a encender luces rojas en otros sectores, es el relativo crecimiento que vienen mostrando en esa industria, especialmente en las autopartistas, los comités internos vinculados a la izquierda dura. Hasta ahora, en los años de crecimiento, parecía que el gremio de SMATA, de Ricardo Pignanelli, controlaba la situación y estos grupos eran más que minoritarios. Ahora, con la crisis y los parates del sector, son ya varias las empresas que sufren el avance sindical de minorías vinculadas al Partido Obrero, al Movimiento Socialista de los Trabajadores (MST) y a Partido Socialista de los Trabajadores (PST). "Todos trotskistas que estaban escondidos y que ahora están en la primera plana. Es un caso único en el mundo, van a venir a sacar fotos del exterior a este hecho tan curioso como criollo: el trotskismo sindical en avanzada", protestaban dos representantes de autopartistas a un gerente de compras de una terminal automotriz de capitales norteamericanos, en medio de un café en la sede de la multinacional.

• Para colmo aseguraban que si quería controlar a estas comisiones internas de izquierda, lo peor que podría haber hecho el "ahora asustado Pignanelli", según aseguraban los industriales, era una pelea mediática con el diputado nacional Néstor Pitrola, del Partido Obrero. El titular de SMATA le dijo ayer al legislador: "Yo soy un trabajador que se baja en El Palomar para ir a las fábricas, aunque ese hijo de puta diga que soy un burócrata..." y le pidió "que se vaya al Congreso, que se dedique a la política y nos deje a nosotros que manejemos los gremios". En su salsa, Pitrola dijo que "el Gordo" es un simple "barrabrava del sindicalismo" y que sus expresiones "retratan al autor" del insulto y "hablan de la calaña de esta burocracia sindical que ya perdió completamente la brújula".

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