«Salimos de la zona del descenso», festejaba ayer un operador comiendo sushi en Puerto Madero. Es que la Argentina, con los 714 puntos de riesgo-país, dejó atrás a Ecuador con 830, Venezuela con 1042 y Ucrania con 1.200. El denominado «eje del mal», aunque más no sea sólo tomando en cuenta esta variable, se está quedando sin uno de sus integrantes principales. Los rendimientos ya parecen de ciencia ficción, algo que ni con alucinógenos se podía prever hace seis meses: los Boden 2012 rinden un 8,5% anual, el Boden 2015, un 11,90%.
Preguntas de todos los colores para un analista argentino que realizó su propio road-show por bancos y fondos en Wall Street y Londres. La mayoría, como es lógico, giró en torno al canje de deuda que prepara el Gobierno. Todos lo consideran un hecho, y se estima que será fácil que la aceptación llegue a un 75%. «Pero si se produce alguna sorpresa desagradable de último momento, por ejemplo un cambio sustancial en el precio de la oferta, puede llegar a ser un desastre», razonó uno de los inversores norteamericanos. En general, los que tienen posiciones grandes en países emergentes se encuentran «overweight», es decir, sobreinvertidos, en la Argentina. En cuanto a la oferta en sí, aún hay quienes aún dudan respecto del cupón PBI y el reconocimiento de los pagos desde 2005 hasta la fecha. Hay algunos audaces -o que tienen muchos bonos en cartera- que sostienen que el pago correspondiente al 15 de diciembre de 2009 (que está relacionado con el crecimiento de 2008) se realice «cash» y no con un nuevo papel. En caso de confirmarse, representaría un importante «endulzante» para los bonistas, que se harían rápidamente de efectivo por aceptar la oferta.
A falta de información oficial, ya que prácticamente el Ministerio de Economía a pleno está abocado a preparar la propuesta que se presentará ante la SEC, la ola de rumores que circula en las mesas es incesante. Pero hubo uno que generó más atención: se hizo trascender que no sería imposible que el Club de París acepte negociar la deuda en default aún en el caso de que la Argentina no formalice un acercamiento con el FMI para que el organismo revise los números de la economía. En ese sentido, podría ayudar el «intercambio de información entre pares» que el Gobierno comprometió con los restantes miembros del G-20 en el encuentro de Escocia hace dos semanas.
El altísimo grado de liquidez del mercado local se sintió como nunca en las colocaciones cerradas en los últimos días. Una casa de electrodomésticos cerró un fideicomiso con una tasa de apenas un 10,23%. La misma empresa había pagado más del 20% en las vísperas de las elecciones legislativas de junio. Las últimas emisiones de estas características presentan, pese a la reducción notable de tasas, una sobredemanda que en algunos casos duplica lo que se sale a buscar. Un dato no menor es que en forma creciente los inversores salen directamente a suscribir el bono «B» de los fideicomisos, cuyo rendimiento es mucho más alto y se acerca actualmente al 19%. Este segundo tramo cobra recién cuando se cumplió el primero y podría llegar a no pagarse en caso de un nivel de mora elevado de la cartera crediticia. Pero con una actividad económica que empieza a mostrar síntomas de recuperación, las chances de un deterioro de la cartera crediticia no son tan elevadas.
Luego de una semana de espera, finalmente se confirmó ayer a Alejandro Vanoli como nuevo presidente de la Comisión Nacional de Valores (CNV), que estará secundado por Hernán Fardi, ex director del Fondo de Garantía de Sustentabilidad, y técnico de confianza del ministro Amado Boudou. El mercado observa con cierta desconfianza esta entronización de Vanoli, que en su momento había fracasado en el intento de desembarcar en la Secretaría de Finanzas buscando que remuevan a Hernán Lorenzino. El flamante titular de la CNV ya se reunió con el presidente de la Bolsa de Comercio, Adelmo Gabbi, y le prometió llevar a cabo una gestión amigable, pese a que sus antecedentes no lo ayudan. Pero por el momento pesa más la desconfianza por su postura ideológica (este año, por ejemplo, defendió a capa y espada la prohibición que pesó sobre algunas empresas para que pagaran dividendos a sus accionistas) y, sobre todo, el peso que puede llegar a tener en el organismo el secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno.
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