17 de abril 2013 - 00:00

Lola Arias: todo sobre su madre

Lola Arias y, en segundo plano, Elvira Onetto como su madre, en “Melancolía y manifestaciones”.
Lola Arias y, en segundo plano, Elvira Onetto como su madre, en “Melancolía y manifestaciones”.
"Melancolía y manifestaciones" de L. Arias. Dir.: L. Arias. Int.: E. Onetto, L. Arias y otros. Coreog. y codir.: L. Acuña. Dramaturgia: S. Medici. Mús.: U. Conti. Esc.: M. Tirantte. Vest.: S. Berhaka. Luces: M. Sendón. (Sala "El Cultural San Martín").



La escritora y directora Lola Arias lleva años rastreando vidas anónimas. Detrás de los oficios más comunes descubrió historias sorprendentes (por ejemplo, las que reunió en su trabajo con mucamas de hotel); también se metió en zonas de alto riesgo (cuando colaboró con el artista suizo Stefan Kaegi en "Chácara Paraíso", una instalación biográfica con policías brasileños) y hasta logró, sin proponérselo, que una obra de teatro documental, "Mi vida después", aportara a la justicia un valioso testimonio sobre un caso de apropiación.


Es su modalidad explorar caminos peligrosos. Pero, en su nuevo espectáculo "Melancolía y manifestaciones", Arias redobló su apuesta con una audacia mayor: hablar de su madre, una docente universitaria de 72 años, gran lectora, algo infantil y extravagante y con un sentido del humor muy corrosivo, pese a sufrir trastornos maníaco depresivos desde hace varias décadas.

Micrófono en mano, Arias comparte con el público sus recuerdos de infancia, interactúa con la exquisita actriz Elvira Onetto (en el papel de la madre) y un grupo de performers de más de 70 años, y vuelca en una canción su propia tristeza. Completa su relato con filmaciones (gran trabajo de Nele Wohlatz) en donde puede verse a su verdadera madre en clases de gimnasia y reuniones de coro. Hay video en vivo; textos en pantalla para que el público lea en silencio, y un perturbador playback con declaraciones de la madre real (en boca de Onetto y de la directora).

El montaje es impecable en todos los rubros. Tiene la precisión, la economía visual, la belleza plástica y la eficacia conceptual de los espectáculos alemanes (Arias lleva años trabajando en Europa). Un cubículo de madera permite montar diferentes escenas con rápidos cambios de utilería y una cortina con paneles deslizantes sirve de pantalla proyectiva. Todos estos elementos más la presencia de un músico- se integran sin fisuras permitiendo que el espectador vaya armando este apasionante rompecabezas que brilla en cada una de sus piezas.

El hecho de que Arias (la segunda de tres hijas), naciera en 1976 le otorga a esta historia una dimensión social y política. La depresión de su madre surgió después de ese parto explosivo y sangriento, como lo fue la violenta irrupción de la dictadura militar según el relato de la directora. También hay una oportuna referencia a las manifestaciones de jubilados, un modelo de vejez digno de imitar. El anecdotario familiar abunda en episodios desopilantes (actos de cleptomanía, juegos con la acompañante terapéutica, sesiones de psicoterapia, etcétera) que divierten al público y atrapan su atención. Arias se expone con sobriedad y sin imposturas, controla sus emociones sin dejar de exponer su dolor ni sus desvelos ante esta madre melancólica a la que teme parecerse pero que a la vez admira, ya que en cierto modo le debe su pasión por el teatro, la escritura y el canto.

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