10 de julio 2009 - 00:00

Los ángeles de Pino: de la insurgencia al Congreso

Graciela Iturraspe, Alcira Argumedo
Graciela Iturraspe, Alcira Argumedo
Las dos provienen de las corrientes más combativas del peronismo. Ambas son diputadas nacionales electas por dos fuerzas cuya performance sorprendió en la última elección, Proyecto Sur y Nuevo Encuentro, frentes noveles que crecen en un terreno vacante por el incumplimiento del kirchnerismo de objetivos como la redistribución de la riqueza. Ambas, también, padecieron persecución y exilio en la última dictadura.

Exterior fue el exilio de la prestigiosa socióloga Alcira Argumedo, integrante de las Cátedras Nacionales de la UBA en los 60, autora de varias obras sobre la realidad latinoamericana y compañera de militancia y de lista del cineasta Pino Solanas en Capital Federal.

Interior fue, en cambio, el exilio de Graciela Iturraspe, quien, tras un tiempo de cárcel, debió refugiarse en un pueblo bonaerense, mientras su esposo de entonces, el actual canciller Jorge Taiana, permanecía en prisión durante todo el Proceso militar. En los años 90, Iturraspe se mudó a Mar del Plata, donde inició una carrera sindical que la llevó a convertirse en dirigente de la Central de Trabajadores Argentinos (CTA) de esa ciudad y finalmente a secundar en la lista al ex intendente de Morón, Martín Sabbatella.

Vale la pena conocer el pensamiento de estas mujeres que en otra etapa quizá habrían podido integrar la «transversalidad» oficialista, pero que hoy tienen una visión muy crítica de la gestión de Cristina Fernández de Kirchner.

Ante la consulta de Ámbito Financiero, Alcira Argumedo dice que las últimas elecciones «han planteado un escenario bastante pluralista, sin ganadores netos, con el aparato del PJ bastante golpeado y, a su vez, nuestro resultado electoral y otros en el país muestran que la gente está harta de esta política con hipocresía, negocios turbios y silenciamiento de los grandes problemas». Para ella, «la pobreza del debate en la campaña muestra que los sectores aparentemente triunfantes no están en condiciones de dar respuesta a una crisis nacional y mundial que es de sobreproducción por carencia de demanda, lo cual abre un escenario en el que espero que el Parlamento tenga un mayor protagonismo, porque este país necesita debates rigurosos y una nueva ética pública que prohíba hacer negocios privados con los recursos de todos los argentinos».

Graciela Iturraspe, por su parte, considera que los resultados electorales desbordaron las expectativas de un frente nuevo, «con apenas dos meses de vida», donde convergen cinco identidades partidarias y con las dificultades de una campaña «sin billeteras gordas». En cuanto a la elección en general, cree que «hubo una fuerte polarización que llevó a muchos a votar a favor o en contra de un estilo de conducción política, por lo tanto, si bien aparece a primera vista un corrimiento a la derecha, disputada por el panradicalismo y el properonismo, no creemos que todo ese caudal esté expresamente eligiendo un modelo conservador». Además, recuerda, «en Capital se destaca la excelente performance de Proyecto Sur; en Córdoba, la de Luis Juez; en Santa Fe, la muy buena elección de Giustiniani; más la nuestra, que prueban que cuando se construyen alternativas por izquierda, desde el campo nacional y popular, hay un voto de esperanza».

En cuanto a los proyectos que le gustaría impulsar, Argumedo se apasiona al decir que en lo personal su «obsesión» es «revertir la situación de los 6 millones de chicos y jóvenes pobres porque eso representa el 50% de nuestros niños y significa coartar el futuro del país». Por eso su fuerza impulsará «la universalización del ingreso por hijo, para terminar con la paradoja dramática de que a los sectores más acomodados el Estado los subsidie al permitirles descontar 400 pesos por hijo de sus impuestos, que los trabajadores en blanco reciban salario familiar y, en cambio, los trabajadores en negro y los desocupados no reciban nada». Argumedo aclara que el costo «de extender ese beneficio a los sectores más golpeados para erradicar el hambre en poco tiempo sería de 5.000 millones de dólares anuales, la mitad de los 10.000 millones de dólares de subsidios que el Estado les estuvo dando a las grandes empresas». Y agrega: «Nuestra propuesta no sólo cubre un derecho social inalienable sino que además incentiva la demanda».

También Iturraspe anuncia que pondrá «el eje en proyectos destinados a resolver la emergencia del hambre en las dos puntas más frágiles de la población», los niños y los ancianos. «Con una asignación universal de $ 300 para todos los menores de 18 años -dice- resolvemos la urgencia, y también es necesario garantizar por ley de manera definitiva y universal una asignación para todos los mayores y hacer realidad el 82% móvil». Agrega que también se la va a encontrar «poniendo el acento en todo lo que tenga que ver con la defensa de nuestra soberanía, así como con la calidad de la democracia y la participación directa y permanente de todos los argentinos, no sólo en el debate, vía consultas populares y plebiscitos vinculantes, sino también en el ejercicio permanente del presupuesto participativo, en cada comuna».

En cuanto a la actual gestión, Argumedo aclara que «con Cristina no tuve expectativas porque ya éramos muy críticos de la gestión anterior, más allá de apoyar algunas medidas al inicio, como la renovación de la Corte Suprema». Su principal cargo a los Kirchner es que «no supieron aprovechar la oportunidad histórica que representa que, en los últimos seis años, la Argentina creció en los niveles más altos y sostenidos de su historia contemporánea, pero eso no se tradujo en una erradicación de la pobreza ni en un verdadero impulso al desarrollo de sectores clave». Esto la lleva a uno de los planes insignia de Proyecto Sur: «Con 4.000 millones de dólares se pueden reconstruir casi 20.000 km de ferrocarriles con producción y tecnología propias, lo cual implica desarrollo científico-técnico autónomo y dinamiza las economías del interior». Concluye que «estos años de gestión fueron muy malos, y el moño para mí fue el veto de Cristina a la ley de protección de glaciares, porque para el proyecto Pascua Lama se llevan 37 camiones de cianuro y 200 de explosivos por mes para la minería a cielo abierto: hacen estallar la montaña, trituran la piedra, le meten cianuro en grandes piletones, usan agua potable. ¡Cómo vamos a apoyar esta gestión!».

Graciela Iturraspe reconoce haber tenido «fuertes expectativas al comienzo del gobierno de Néstor Kirchner por la modificación de la Corte Suprema, el empuje en derechos humanos y el nuevo paradigma en política internacional con el fin del intento de imponer el ALCA, junto con la declamada intención de una construcción transversal».

Pero, después de 2005, «algunas de estas premisas fueron dejadas de lado, se volvió al estilo más concentradamente 'pejotista' de acumulación política, se abandonó toda reforma a favor del pueblo, se sobreabundó en subsidios, prórrogas de licencias en comunicación, juego y explotación minera y petrolera en favor de los sectores más concentrados». Todo esto «se profundizó durante el gobierno de la actual Presidenta», concluye.

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