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“Los Ballets del Trocadéro fueron el punto de partida”
La compañía «Ballet Con Humor», exclusivamente masculina, sigue la escuela de danza-parodia inaugurada por el Trocadéro de París.
Periodista: ¿Cómo fue armado el espectáculo?
Adrián Dellabora: Yo creé la idea general: las coreografías son de diferentes autores, algunos miembros de la misma compañía, como Ángel Gómez, que repuso clásicos del repertorio con coreografía suya, o Carlos Villamayor, quien fue compañero nuestro en el Teatro Argentino de La Plata. Un ejemplo es «El espectro de la rosa», que acá parodiamos. La primera parte es clásica, otra de danza-teatro, y finaliza con un divertimento español que incluye sevillanas y la famosa jota de «La Dolores», con toda la compañía, un aquelarre terrible arriba del escenario. El español tradicional tiene sus códigos muy marcados, y en cuanto empezamos a trabajar sobre él nos dimos cuenta de que nos habíamos metido en una maratón, pero salió muy bien. Es la primera vez que abarcamos varios géneros.
P.: Imagino que en el germen de la compañía estuvo el ejemplo de los «Ballets du Trocadéro»
A.D.: Tuvo que ver hasta en el momento de decir «hagamos algo así». Ellos vinieron en 1994, y precisamente fuimos a verlos con Jorge Curia, que lamentablemente falleció muy joven, y otro compañero del Teatro Argentino. Teníamos conocimiento de lo que hacían, habíamos visto muchos videos, y finalmente no pasaba nada de lo que nosotros esperábamos. Mirando el segundo acto de «Lago de los cisnes» nos dijimos: «¿Y por qué no hacemos algo nosotros?». Y ahí comenzamos. Pero también estuvo la tradición, tanto en el Argentino como en el Colón, de las famosas fiestas del Día de la Primavera, el 21 de septiembre. En La Plata participaba la Orquesta, el Coro, los técnicos, y era grandioso: los músicos y los cantantes hacían de bailarinas, eran parodias muy lindas. Era una época en la que nos divertíamos mucho. Casi sin apoyo oficial pudimos dar forma a la compañía y mantenerla en actividad.
P.: ¿Cuál suele ser el punto de partida de las coreografías?
A.D.: Por lo general son cosas que se le ocurren a uno ensayando las obras tradicionales, o cosas que van sucediendo en el transcurso de las funciones, como que en una danza salgan todas con sus arcos de flores menos la última, termina siendo una parodia. Amén de lo que ocurre alrededor del escenario para lograr eso que finalmente no se logra, trampas que fallan, luces que entraron en un momento en el que no tenían que entrar, o gente de maquinaria que se cruza por el escenario, etcétera.
P.: ¿Piensa que falta humor en el ballet en general?
A.D.: Puede ser, pero en cuanto a la formalidad que lo rodea, faltan momentos de «afloje». Por suerte hay maestros o coreógrafos que logran un equilibrio maravilloso entre una disciplina grande y un buen humor puestos en el momento mismo del trabajo, que hace que se trabaje mejor, o al menos de otra manera. La disciplina es excelente, pero ya cuando parece que en cualquier momento a uno le dan un latigazo, no me gusta a mí y pienso que tampoco a otros. El humor de un coreógrafo hace que el respeto de la compañía hacia él se mantenga aún más, y es lo que más gusta.
Entrevista de Margarita Pollini


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