9 de abril 2010 - 00:00

Los cuatro casos emblemáticos

Las primeras empresas que quedaron bajo el control de sus empleados surgieron a fines de los años noventa. A continuación los casos que tuvieron mayor repercusión.

El Hotel Bauen. El establecimiento -que declaró su quiebra en 2001- tiene dueño, una empresa inmobiliaria llamada Mercoteles SA (relacionada a la familia Iurcovich, fundadora de la empresa) pero en la práctica está ocupada por sus empleados. Los mismos que en marzo de 2003 tomaron el edificio y reabrieron el negocio aun cuando la Justicia les había prohibido llevar adelante la actividad comercial. Bajo el nombre Cooperativa Hotel Buenos Aires Una Empresa Nacional (B.A.U.E.N., en siglas), los trabajadores consiguieron mantener el negocio. Contrataron 150 empleados más, inauguraron un café a la calle y reequiparon las 185 habitaciones y los 7 salones del hotel. Claro que todo fue posible merced a que el Estado hizo lo suyo con una ayuda económica: 2 subsidios de $ 250.000 y uno de $ 20.000. Los empleados lanzaron su propio merchandising con remeras y hasta libros de cuentos para niños, que retratan al ex dueño como un malvado rodeado de monedas de oro y a los trabajadores como simpáticos duendes.

Cerámica Zanón. En 2001 el dueño de la empresa, Luis Zanón, frenó la producción, suspendió al personal y argumentó que no podía pagar los salarios. En 2002 los empleados decidieron reactivar la fábrica y crearon la Cooperativa de Trabajo Fasinpat (Fábrica Sin Patrones). En agosto de 2009, se trató en la Legislatura el proyecto de expropiación, donde por mayoría se aprueba el traspaso de Zanon a la cooperativa Fasinpat, sentando precedente para futuros casos. Aun así, la maquinaria obsoleta y el enfriamiento de la demanda en 2009 hicieron que la empresa hoy casi está paralizada.

La textil Brukman. En 1998 la firma comenzó a tener problemas financieros y el dueño decidió cerrarla, pero los obreros optaron por hacerse cargo de la gestión. En los últimos cinco años la cooperativa recibió tres subsidios, uno de ellos de $ 200.000. Pese a la ayuda estatal, esta cooperativa que cuenta con 65 socios, produce cerca de la mitad de lo que hacía cuando era una empresa privada. De hecho, para achicar costos actualmente trabajan confeccionando solamente con las telas que traen los clientes, cuando antes se encargaban también de la materia prima.

La fábrica de insumos para heladerías y confiterías Ghelco. En 2005 el Gobierno de la Ciudad pagó $ 2.400.000 por la expropiación definitiva del inmueble -que había cerrado en enero de 2002 tras 30 años de actividad- para luego vendérselo a la ahora Cooperativa Vieytes, que después de los tres años de gracia que cede el Gobierno, tiene 20 años para pagarlo. En tanto, las máquinas fueron donadas directamente a los trabajadores. Actualmente, trabajan al 30% de su capacidad productiva y fabrican 2.000 productos. Factura $ 900.000 mensuales y tiene cerca de 50 socios que cobran $ 5.000 por mes. Cuenta con una cartera de 1.200 clientes entre ellos, las cadenas de helados Freddo y Munchis, Nestlé, Bonafide, Havana, Balcarce y la confitería Los Dos Chinos. También contaron con la ayuda estatal: recibieron cuatro subsidios por un total de $ 1.800.000 y actualmente están tramitando uno por $ 100.000 y otro de $ 1.500 por trabajador.

M.P.