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Los despertó la lluvia
Bailando bajo la lluvia. Luciano Figueroa festeja su primer gol (el segundo de su equipo). Boca volvió al triunfo después de dos derrotas consecutivas.
Sin embargo, la realidad desmintió eso. Porque el toque de Huracán no fue profundo y se perdió en algunos lujos de Pastore, el venezolano César González o De Federico, y Boca mostró esa versión imprecisa que sacó en los últimos tiempos, donde Riquelme casi no gravita y la pelota la manejan más los mediocampistas de marca, que los de creación.
Así las cosas, las situaciones de gol eran escasas, y el clásico se encaminaba hacia un aburrido empate sin goles, pero apareció la lluvia, que de una suave garúa se convirtió en un chaparrón con truenos y rayos, y no fue la única aparición, porque también llegó Martín Palermo para meter su gol 195, el más esperado porque lo convierte por fin en el goleador de Boca en el profesionalismo (ver aparte) y con su gol cambió el rumbo del partido.
Huracán salió a buscar el empate y dejó espacios, y Carlos Ischia sacó a Palermo para la ovación y lo reemplazó por Luciano Figueroa, que en los 13 minutos que jugó debe haber tocado tres pelotas, pero marcó 2 goles.
En el medio de los dos tantos de Figueroa descontó Huracán con un gol de Eduardo Domínguez (justo el yerno de Carlos Bianchi) de arremetida y hubo un par de jugadas de gol más, una para cada equipo en un final dramático bajo una cortina de agua que esta vez le trajo claridad al juego.
Boca volvió al triunfo, y eso va a calmar las aguas (valga la paradoja) que empezaban a ser turbias después de las dos derrotas consecutivas. Sin embargo el panorama vuelve a aclararse.


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