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Los ex socios, sólo son solidarios lejos
A horas del procesamiento del jefe de Gobierno porteño, De Narváez y Solá aparecieron en escena para mostrarse solidarios con su ex socio y, en ese proceso, colaborar con la estrategia macrista de atribuir la decisión judicial a una persecución política pergeñada desde la Casa Rosada.
Solá, durante un acto en Luján el viernes a la noche, eligió el camino de apuntarles a las determinaciones de Oyarbide: De Narváez, el sábado por la tarde, volvió a referirse con amistosa cordialidad a Macri: «Confío en Mauricio», dijo el diputado.
Hay, detrás de esos movimientos, dos tramas diferentes. El lunes pasado, el ex gobernador se vio con Macri con un objetivo puntual: escuchar, sin intermediarios, la versión del porteño sobre el caso de las escuchas y el desenlace imaginado de la pesquisa.
«Te creo», le dijo al final de la charla Solá, y le sugirió, al pasar, que modifique el modo de comunicar el episodio. A las horas de que se confirmó el procesamiento, el jefe del bloque de Peronismo Federal se enfocó sobre Oyarbide y sus vínculos con los K.
El escuchas-gate apuró, además, una charla que Solá y Macri se tenían pendiente. Sin embargo, no allana las tensiones entre ambos espacios a pesar de que ubica al jefe de Gobierno porteño en una situación indeseada porque acelera una determinación sobre su destino electoral.
El viernes pasado, una cumbre del macrismo -previa a la resolución- se abocó a mapear el país para evaluar la estructura provincial de PRO. El resultado es obvio y previsible: la construcción macrista en el interior es casi inexistente.
Agitación
No es una preocupación exclusiva de Macri: el Peronismo Federal atraviesa, también, días agitados. Lo reflejó, por caso, la queja de Jorge Busti: el entrerriano, enfocado en su duelo con Sergio Urribarri, y acotado, por ahora, a su vínculo bilateral con Eduardo Duhalde.
De Narváez, con menos celeridad que Solá, también salió al ring para intervenir frente a la situación de Macri. Pero fue un proceso más engorroso: hace dos semanas, la mesa chica del empresario discute una toma de posición respecto al caso del jefe de Gobierno porteño.
De Narváez se resistió hasta el final pero el sábado terminó por aceptar que no podía quedar al margen del tema. De todos modos, aceptan a su lado, ese gesto de solidaridad tardío no tendrá, al menos en el corto plazo, ninguna implicancia en la relación política, en estos tiempos congelada.
Es más: el diputado planea seguir ampliando su presencia en Capital y hasta lanzará al ruedo, como potencial candidato a la Jefatura de Gobierno porteño (o a lo que sea) a José «Pepe» Scioli. Todo en un marco global que resurgió en estos días y refiere a su intención de pelear «hasta el final» la posibilidad nacional.
Por lo pronto, más allá de la decisión de salir en defensa de Macri frente al procesamiento ordenado por Oyarbide, De Narváez no contempla hacer ningún movimiento que lo acerque al jefe de Gobierno porteño. Por eso terminó en una encrucijada porque no quería salir en su defensa pero sus laderos lo convencieron de que sería muy costoso, en términos políticos, no intervenir.
En su momento, Macri jugó fuerte en su defensa cuando lo acusó Federico Maggionatto Márquez con la causa de la efedrina. Ahora, como mínimo, debe devolver la gentileza.


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