- ámbito
- Edición Impresa
“Los géneros están para ser probados y transformados”
Redondo: “En la ‘Trilogía de Baztán’ no temo entrar en temas que no se han tocado en las novelas negras como la maternidad, el embarazo o la vida privada del detective”.
Dolores Redondo (San Sebastián, 1969) estudió Derecho, pero está dedicada enteramente a la literatura, a lo que ella denomina la "novela negra mestiza, que en el fondo es simplemente literatura". Con anterioridad publicó la novela "Los privilegios del ángel". La "Trilogía de Baztán" lleva vendidos en España 600.000 ejemplares y ha sido traducida a 20 idiomas. En su reciente visita a Buenos Aires, dialogamos con ella.
Periodista: ¿Por qué se la considera una renovadora de la novela negra?
Dolores Redondo: Acaso porque en la "Trilogía de Baztán" no temo entrar en temas que no se han tocado en las novelas negras como la maternidad, el embarazo o la vida privada del detective. Vida que no es un fracaso absoluto como lo ha sido tradicionalmente sino que se parece a la de cualquiera. Amaia Salazar, la protagonista, inspectora de Homicidios, es una mujer urbana que progresa en su trabajo, está felizmente casada, y de pronto es puesta al frente de una investigación que la hace tener que volver al pueblo del que huyó, al que no quiere volver, y donde debe enfrentarse a fantasmas de su pasado. Investigar el crimen de unas adolescentes la lleva a tener visiones y pesadillas que provienen de su propia infancia. Pero perseguir a un asesino de niños la hace sustraerse de su propio dolor. Mis tres novelas son una novela que cuenta la historia de Amaia. Eso rompe con lo pauta de la novela policial tradicional. Al mismo tiempo, junto a la investigación de una serie de crímenes, surge el mundo de un valle recóndito de Navarra y sus leyendas, que ofrecen una nueva dimensión a lo que ocurre. Creo que los géneros están para ser probados, investigados, transformados, y la novela policial es perfecta en ese sentido. Pero lo importante es encontrar una voz narrativa desde donde explorar los géneros. A su vez, el tipo de novela mestiza que yo hago me permite incluir la historia, lo fantástico, lo mítico, el horror o el romance, y salirme de los estrechos límites del género y hacer literatura, hacer una novela.
P.: ¿La historia surgió en el momento que creo a la inspectora de policía Amaia Salazar?
D.R.: El personaje no fue creado, existe, es la mujer vasca, navarra. Se forjó por siglos y la Santa Inquisición trató de abolirla declarándolas brujas y enviándolas a la hoguera. Tanto Julio Caro Baroja como el sacerdote José Miguel Barandiarán acuerdan que la Inquisición lo que hizo con las mujeres de Baztán, como con los judíos, no fue a corregir una cuestión de fe sino a aplastar un movimiento social que resultaba molesto. Las de Baztán son mujeres que establecieron un matriarcado porque los hombres, tradicionalmente marinos, se iban a las Indias y muchos no regresaban. Ellas estaban al frente de la casa, de sus negocios y eran independientes. Además eran herboleras, parteras, curanderas, eso le daba gran poder en el clan familiar. Debía ser molesto verlas viviendo solas, administrando su dinero, no era lo que se esperaba de una mujer en aquel momento, y la Inquisición se ocupó de ellas. Amaia es un homenaje a uno de aquellos Inquisidores.
P.: ¿Su detective es heredera de un inquisidor que mandaba a su parientas a la hoguera?
D.R.: Es un homenaje. Salazar fue un Inquisidor Real de Logroño que en 1610, junto a otros dos inquisidores, en un Auto de Fe ajusticiaron a 37 mujeres navarras. Salazar se sorprendió con las confesiones de brujería arrancadas con torturas. De ese modo yo también confesaría lo que fuera. Salazar decidió ir a enfrentar al demonio que gobernaba a esas mujeres en Baztán. Se instaló en el pueblo de Elizondo y recibo 3.000 autoinculpaciones de brujería y 1.500 denuncias de terceros. Se volvió a Logroño y convenció a los Inquisidores Generales que no se podía ajusticiar a nadie más porque en Baztán no había demonio, había algo ancestral que no tenía nada que ver con el Maligno. Consiguió detener las ejecuciones. Por el carácter investigador de aquel Salazar, que fue a buscar, indagó, probó y llegó a una conclusión cierta, que respetaba antiguas tradiciones, hechos fantásticos, mi investigadora se llama Salazar, Amaia Salazar. Una mujer urbana que busca llevar a un juez lo que se puede probar, y que al regresar a su lugar de origen, con la confusión personal que le supone, tiene que admitir que allí hay otra cosa, y que quizá esa otra cosa es lo que mueve a ese asesino que está dejando niñas tiradas por el valle.
P.: ¿Cuál fue el punto de partida de sus feroces historias?
D.R.: Una noticia que salió en la prensa, y que recién aparece en la novela que cierra la trilogía, el crimen de Ainara, que tenía 14 meses cuando fue asesinada por sus padres, que formaban parte de una secta satánica. La concibieron como una ofrenda. Si la ceremonia de la matanza fue horrible, más horrible aún fue que los padres la criaran como un corderito para ser sacrificada. Luego, los que participaron se dispersaron por el país. Hace unos años uno de ellos delato al resto, contó el horror que habían llevado a cabo. La investigación sigue bajo secreto de sumario en el Juzgado Número 1 de Pamplona. El maltrato infantil y el hecho de que quien debe protegerte te daña planea en mis novelas. Y también el drama del que sobrevive y lleva en sus espaldas haber vivido su infancia con la sentencia de muerte sobre su cabeza. Y uso la mitología para hablar de cómo alguien en nombre de su creencia puede traspasar fronteras que no debían traspasarse nunca, el sacrificio de un ser humano por una fe mal entendida. Esto es una constante. Estamos viviendo atentados de grupos islámicos, y cada tanto sabemos de crímenes de sectas.
P.: ¿Qué es lo que ha llevado a que sus novelas se convirtieran en best sellers?
D.R.: Supongo que la empatía que provoca la protagonista, la indignación que siente, su búsqueda esforzada de la verdad. Creo que atrae la mezcla de fuerza y fragilidad del personaje, la vulnerabilidad, su inseguridad, sus momentos de coraje. Que sea un tipo de heroína que afronta la vida diaria cargada de temores, sin saber bien muchas veces qué está haciendo, hacia dónde se encamina, pero siguiendo adelante. Creo que mucha gente se sintió identificada. Los últimos años en España con la crisis hay muchos héroes cotidianos de ese tipo que continúan avanzando por inercia y por valor, porque los arrastra la vida y saben que tienen que continuar. De pronto aquello en lo que creían se ha desmoronado, aparecen fantasmas de un duro pasado y sin embargo continúan. Es un tipo de heroicidad un tanto curiosa en una novela negra, una heroicidad que no tiene que saberlo todo, ni dominarlo todo, ni controlarlo todo, ni acertar casi siempre, y sin embargo continuar. Y continuar teniendo en cuenta al otro, poniéndose en su lugar y hasta corriéndose del propio. Es una heroicidad que me llamó mucho la atención que apareciera en la realidad, que no sólo estuviera en una ficción, y me parece muy hermosa.
P.: Su trilogía va a ser llevada al cine por decisión del productor de "Millenium".
D.R.: En enero se comienza a rodar. Peter Nadermann, el productor de la saga de Stieg Larsson, adquirió los derechos y van a filmar tres películas. Se han unido a Nadermann, las productoras Atresmedia y Nostromo. Ya está el guión de la primera, y el casting. Se filmará en Baztán, que fue el primer compromiso que le arranqué a Nadermann, y aceptó apenas visitó esa zona. Es un lugar de España que no tiene que ver con España, con una ancestral lengua propia, a un paso de la frontera, que vive fundiendo culturas, de una riqueza que me ha permitido dar fondo y espesor a las historias y los personajes. A Nadermann le atrajo la mezcla de fuerza y fragilidad de Amaia Salazar, que fuera capaz de seducir tanto por el cumplimiento de lo que le toca hacer como por su vulnerabilidad. Me dijo que, siendo absolutamente opuestas, tenían algo en común Amaia Salazar y Lisbeth Salander, una cierta fragilidad disfrazada de dragón.
P.: ¿Qué piensa escribir ahora? ¿Va a dejar de lado a Amaia Salazar?
D.R.: Estoy escribiendo una novela que tenía en mente cuando emprendí la "Trilogía de Baztán". Es una historia que no puedo contar desde la óptica de Amaia Salazar ni de Baztán, es otro escenario, son otros personajes, es una sola entrega. Pero espero poder seguir contando historias de Amaia Salazar para los lectores a los que les apetezca seguir con ella. En las presentaciones de mi última novela ha habido los que me han reclamado más historias de mi inspectora, pero como autora quiero contar otras historias desde otra perspectiva, no quiero esclavizarme teniendo que seguir permanentemente al mismo personaje, por más que me sea muy querido.
Entrevista de Máximo Soto


Dejá tu comentario