Los “gordos”, otro sector que apura unidad de CGT

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 Los "gordos" de los grandes gremios de servicios se sumaron a la campaña por la reunificación de la CGT para marzo, tal como plantearon en los últimos días los sectores sindicales más opositores al Gobierno. Se trata de los gremios de Sanidad y de Comercio, que buscarán protagonismo en la eventual fusión. El grupo, sin embargo, no prevé asistir este jueves a la convocatoria de Luis Barrionuevo (CGT "Azul y Blanca") en Mar del Plata junto a Hugo Moyano y a dirigentes del transporte.

La aceleración de la eventual unidad del movimiento obrero peronista es alentada por disidentes como Barrionuevo y Moyano; por oficialistas como Gerardo Martínez (albañiles, UOCRA) y José Luis Lingeri (Obras Sanitarias), y ahora por los "gordos" Carlos West Ocampo (Sanidad) y Armando Cavalieri (Comercio), que en los últimos días sumaron a esta posición al líder de la Asociación Bancaria, Sergio Palazzo.

Entre los que resisten ese proceso se destacan Antonio Caló, jefe de la CGT oficialista, y el taxista Omar Viviani, su mano derecha, así como otros dirigentes cercanos a la Casa Rosada como Ricardo Pignanelli, del gremio de los mecánicos automotrices (SMATA). Para este sector, a tono con los deseos de Cristina de Kirchner, la unidad debería llegar recién después de las primarias de agosto o incluso una vez definido el próximo gobierno.

En tanto, en cada grupo comprometido con la reunificación comenzaron las estrategias para sumar peso con vistas a esa negociación. Sobre todo, por la incertidumbre respecto del futuro conductor de una única CGT, o bien de la creación de un nuevo cuerpo colegiado con la participación de tres o más secretarios generales.

Mientras Moyano apuntala para sucederlo al portuario Juan Carlos Schmid, los gremios del transporte que no responden al Gobierno impulsan la figura del ferroviario Omar Maturano (maquinistas, La Fraternidad) para ese puesto. Su postulación cuenta con el aval del colectivero Roberto Fernández (UTA). El gastronómico, por su parte, hasta ahora convidado de piedra de las gestiones por la unidad, resolvió subirse de la mano de Moyano con el cónclave de esta semana.

En lo que coincide la gran mayoría es en la necesidad de avanzar más rápido en la fusión. Terminaron de convencerse los dirigentes con un fin de año para el olvido: los oficialistas se quedaron sin foto con Cristina de Kirchner luego de la suspensión a último momento de un encuentro con la cúpula de esa CGT por la lesión en un pie de la mandataria, y los negociadores de la unidad se quedaron sin una instantánea propia que planeaban con los referentes de cada sector sentados a la misma mesa.

Los desplantes del Gobierno alimentaron los conciliábulos entre gremialistas de grupos diferentes. El primer resultado fue a mediados de este mes la cumbre de dirigentes del transporte, que pactó un nuevo plenario para febrero y amenazó con convocar al primer paro general en marzo. El segundo, el llamado de Barrionuevo a los mismos gremialistas que estuvieron en su hotel de Mar del Plata y que protagonizaron varias de las protestas del año pasado.

Para ese cónclave anoche estaba en duda Fernández, de la UTA, que desconfía de Barrionuevo y que además volvió a ser bendecido por subsidios del Gobierno que le permitieron cerrar un acuerdo salarial puente para los choferes de colectivos y de micros de larga distancia hasta marzo, por $ 5.000 para ese período. El gremialista les avisó a sus colaboradores que sólo irá al bunker del gastronómico si le aseguran que se debatirá la problemática del transporte, pero no para amplificar críticas a Cristina de Kirchner ni plantar banderas políticas en la previa de la campaña electoral hacia octubre.

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