28 de octubre 2010 - 00:00

Los inmigrantes con bienvenido optimismo

«Amérrika» (rara versión local del árabe Amreeka, que quiere decir América) cuenta una historia de inmigrantes de forma liviana e ingenua sólo en apariencia.
«Amérrika» (rara versión local del árabe Amreeka, que quiere decir América) cuenta una historia de inmigrantes de forma liviana e ingenua sólo en apariencia.
«Amérrika» (Amreeka, Can.-Ku.-EE.UU., habl. en farsi e inglés). Dir.: C. Dabis. Int.: N. Faour, M. Muallem, H. Abbas, A. Shawkat. 

Pudo ser un drama de final amargo. Es una comedia dramática de final amable. Por eso algunos la desdeñarán, calificándola de liviana, ligera, falsamente optimista, o políticamente correcta. Cierto, es políticamente correcta, pero su optimismo tiene bases verdaderas. Lo que la directora Cherien Dabis cuenta es, simplemente, una de tantas historias de inmigrantes que a todo el mundo le conviene conocer. Y la hace liviana, precisamente para que cualquier zopenco prejuicioso pueda medianamente verla y aceptarla. De otro modo solo la verían los convencidos.

La historia es simple. Una señora palestina, empleada bancaria, no practicante, cansada del maltrato diario a ambos lados de la frontera con Israel, y de los sacrificios para pagarle a su hijo una educación que poco ha de servirle, se saca la lotería. Concretamente: ella y su hijo ganan el sorteo de la «green card» que venían tramitando desde hacía años. Ahora pueden ir a la tierra de las oportunidades. Más concretamente, a casa de su hermana, que ya está instalada con familia y todo. El problema es que está instalada en Illinois. Y que los tiempos en que todo esto sucede son poco amables con los inmigrantes de apariencia arábiga. Xenófobos y paranoicos los ven más que sospechosos y menos que personas. Hay unas cuantas situaciones imaginables al respecto. Claro, imaginables para nosotros, pero no siempre para la mujer, que esperaba otra cosa. Igual ella sigue adelante, y que el hijo aprenda. Quien los respalda, y bien puede ser, es un profesor judeo-polaco.

Tal vez faltó más letra, mayor peso de ciertas charlas o situaciones. De todos modos, el relato se apoya muy bien en la expresión firme y cordial de la actriz Nisreen Faour, en la suelta naturalidad del resto del elenco, donde destaca la veterana Hiam Abbas, y en la firme mirada de Joseph Ziegler, hijo de inmigrantes. Rodaje en Ramallah (Cisjornadia) y Manitoba (Canadá). Pequeño detalle: el título original es «Amreeka», forma árabe de decir América, distinto al «Amérrika» que acá le pusieron, y que se parece al «Amerika» de una serie nazionalista de los 80.

P.S.

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