Ser presidente de la Magistratura fue uno de los objetivos principales del juez Luis María Cabral desde su primer día como consejero en la Magistratura: los últimos dos años se propuso como presidente con el apoyo de los otros dos magistrados, sin lograr su cometido. Su posición de opositor al oficialismo ha frustrado sus intentos.
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Una postura que va más allá de su rol como consejero, ya que es una de las figuras principales de la lista bordó de los magistrados, que son claramente opositores al gobierno y que la semana pasada ganaron la reelección de la presidencia de la Asociación de Magistrados y Funcionarios de la Justicia Nacional. El presidente electo, el camarista Ricardo Recondo, se ha dedicado todo este año a reforzar sus posiciones disidentes del gobierno en permanentes declaraciones a la prensa. La primera entrevista que dio para inaugurar su segundo mandato fue más que elocuente en este sentido: el fin de semana pasado habló de la falta de libertad de los jueces, de la debilidad institucional que atraviesa el país, así como de la intención permanente del Consejo de « domesticar» a los magistrados y vulnerar su independencia. Ahora correspondería el turno de los jueces en la presidencia para arreglar estas arbitrariedades.
Pero hay un problema más grave aún que la oposición del kirchnerismo a la candidatura de Cabral: la oposición interna. A horas de la votación del Consejo, empezó a sonar el nombre del camarista Luis María Bunge Campos como la opción que posibilitara el consenso de los consejeros. Bunge Campos pertenece a la línea dialoguista de los magistrados que perdió las recientes elecciones, pero por poco. Así, la posible solución al conflicto en la Magistratura podría significar el comienzo del problema al interior del estamento de los jueces. Un problema que se gesta desde hace meses y que cada vez se hace más visible.
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