14 de octubre 2014 - 00:24

“Los de mi generación no salen de la novela familiar del neurótico”

Silvio Lang abrió en el Cultural  San Martín el ciclo “Invocaciones”, con  la puesta de “Meyerhold. Freakshow del infortunio del teatro”.
Silvio Lang abrió en el Cultural San Martín el ciclo “Invocaciones”, con la puesta de “Meyerhold. Freakshow del infortunio del teatro”.
este mes y noviembre tendrá lugar en la Sala AB del Cultural San Martín la primera parte del ciclo "Invocaciones", destinado a recrear en escena las teorías y reflexiones de cuatro grandes renovadores del teatro del Siglo XX: Vsevold Meyerhold, Alfred Jarry, Antonin Artaud y Bertolt Brecht.

El ciclo, curado por Mercedes Halfon, se inició con el estreno de "Meyerhold. Freakshow del infortunio del teatro", de Silvio Lang, cuyas funciones se extenderán hasta el 2 del mes próximo.

Del 30 de octubre al 13 de diciembre se ofrecerá el espectáculo de Mariana Chaud "Jarry. Ubú Patagónico". Ambos espectáculos irán acompañados de una charla debate posfunción y proyección de películas. El ciclo continuará en 2015 con Brecht, de Agustín Mendilaharzu y Walter Jakob, y Artaud, de Sergio Boris.

Dialogamos con Lang (La Pampa, 1979), que este año recibió el premio Florencio Sánchez a la mejor dirección, por su montaje de "Querido Ibsen, soy Nora", de Griselda Gambaro, que se presentará en Madrid, del 4 al 7 de diciembre, en el Complejo Teatros del Canal.

Periodista: ¿Qué textos tomó de Meyerhold?

S.L.: Muchas de sus conferencias porque son muy performáticas. No hay que olvidar que Meyerhold, además de actor, fue una gran estrella del teatro ruso. Estuvo muy ligado a la revolución bolchevique y veía en el teatro una herramienta política. Antes de caer en desgracia con el estalinismo, solía hablar ante multitudes. Sabía cómo seducirlas. Meyerhold estaba en contra del teatro naturalista y se conectó activamente con las primeras vanguardias estéticas del siglo XX. Eso hizo que rescatara y mezclara estilos plebeyos, linderos al teatro hegemónico del realismo, como el vodevil, la farsa, el teatro de agitación, teatro-cabaret, el circo cubofuturista, la acrobacia, pantomima simbolista, la opereta tragicómica, el music-hall, la ópera, el grotesco...

P.: ¿Y usted volcó todo esto en su espectáculo?

S.L.:
Sí. En este freakshow, los actores visten de manera arbitraria y actúan un estilo que sintetiza todos esos géneros que mencioné anteriormente. Estos artistas son conducidos por el Doctor Dapertutto, (seudónimo utilizado por Meyerhold cuando comenzó a publicar sus críticas contra el teatro naturalista). Esa especie de energía casi sobrehumana o desbordada que tenía Meyerhold la volcamos en la puesta en escena. Son actores que trabajan a destajo, mientras ensayan, con la intención de rescatar al teatro del aburrimiento y del costumbrismo, tal como lo pretendía Meyerhold. Al igual que sus contemporáneos él también luchaba por la creación de un hombre nuevo. Tanto el fascismo como las izquierdas sostenían que el siglo XX iba a realizar todo lo que el siglo XIX había imaginado en la filosofía y la política. Y eso implicó destrucciones y excesos.

P.: ¿Cómo resuena hoy Meyerhold, en Buenos Aires?

S.L.:
Nosotros queríamos traer a los recintos teatrales porteños algo de ese frenesí, de esa energía desbordada y revolucionaria... de ese clima de época. Porque estamos en un momento muy conservador, tanto en nuestros modos de vida como en la política, la economía y el teatro argentino, ligado al neocostumbrismo. Me refiero puntualmente a los artistas de mi generación que no pueden salir de la novela familiar del neurótico. Falta experimentación y riesgo, incluso en el circuito independiente. Seguimos haciendo teatro en salas con estructura de garaje o de PH. Y eso genera una gran limitación expresiva. Algo que Meyerhold ya había advertido cuando en su última conferencia a los directores de Moscú gritó: "¡Terminemos definitivamente con la jaula escénica!". Creo que esta búsqueda incesante, esta interrogación sobre los propios límites y el forzamiento de nuestras capacidades generan una energía que hoy es muy necesaria tanto para el teatro porteño, como para la vida social.
Entrevista de Patricia Espinosa

Dejá tu comentario