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“Los de mi generación no salen de la novela familiar del neurótico”
Silvio Lang abrió en el Cultural San Martín el ciclo “Invocaciones”, con la puesta de “Meyerhold. Freakshow del infortunio del teatro”.
P.: ¿Y usted volcó todo esto en su espectáculo?
S.L.: Sí. En este freakshow, los actores visten de manera arbitraria y actúan un estilo que sintetiza todos esos géneros que mencioné anteriormente. Estos artistas son conducidos por el Doctor Dapertutto, (seudónimo utilizado por Meyerhold cuando comenzó a publicar sus críticas contra el teatro naturalista). Esa especie de energía casi sobrehumana o desbordada que tenía Meyerhold la volcamos en la puesta en escena. Son actores que trabajan a destajo, mientras ensayan, con la intención de rescatar al teatro del aburrimiento y del costumbrismo, tal como lo pretendía Meyerhold. Al igual que sus contemporáneos él también luchaba por la creación de un hombre nuevo. Tanto el fascismo como las izquierdas sostenían que el siglo XX iba a realizar todo lo que el siglo XIX había imaginado en la filosofía y la política. Y eso implicó destrucciones y excesos.
P.: ¿Cómo resuena hoy Meyerhold, en Buenos Aires?
S.L.: Nosotros queríamos traer a los recintos teatrales porteños algo de ese frenesí, de esa energía desbordada y revolucionaria... de ese clima de época. Porque estamos en un momento muy conservador, tanto en nuestros modos de vida como en la política, la economía y el teatro argentino, ligado al neocostumbrismo. Me refiero puntualmente a los artistas de mi generación que no pueden salir de la novela familiar del neurótico. Falta experimentación y riesgo, incluso en el circuito independiente. Seguimos haciendo teatro en salas con estructura de garaje o de PH. Y eso genera una gran limitación expresiva. Algo que Meyerhold ya había advertido cuando en su última conferencia a los directores de Moscú gritó: "¡Terminemos definitivamente con la jaula escénica!". Creo que esta búsqueda incesante, esta interrogación sobre los propios límites y el forzamiento de nuestras capacidades generan una energía que hoy es muy necesaria tanto para el teatro porteño, como para la vida social.
| Entrevista de Patricia Espinosa |


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