15 de noviembre 2011 - 00:00

Los vuelos de Aerolíneas vuelven hoy a normalizarse

Julio De Vido
Julio De Vido
El Gobierno redobló la apuesta contra el sindicato de los mecánicos (APTA) y parece haber obtenido los resultados esperados: los vuelos internacionales, que habían sido cancelados desde el sábado por la noche, ayer comenzaron a normalizarse. Y si bien muchos de ellos partieron con demoras de hasta doce horas, en Aerolíneas Argentinas confiaban en que a partir de hoy esos retrasos se solucionarán.

La ofensiva oficial contra el gremio que comanda Ricardo Cirielli fue bifronte: por la mañana, el Ministerio de Trabajo presentó una demanda ante la Cámara Nacional de Apelaciones del Trabajo reclamando la suspensión de la personería gremial de APTA; horas después, la Presidente Cristina de Kirchner pidió a los sindicalistas «no chantajear a los argentinos», en clara alusión al conflicto aéreo.

En su presentación, la cartera que encabeza Carlos Tomada aduce que APTA incumplió con la conciliación obligatoria dictada por ese ministerio el viernes; el sindicato aduce que, dado que no se declaró la huelga, no hay necesidad de acatar esa medida. Será la Justicia la que determine quién tiene razón.

En tanto, ayer partieron desde Ezeiza vuelos hacia México, Miami, Barcelona, Auckland y Madrid, con diversos grados de retraso. Muchos pasajeros no lograron viajar, porque al acumularse las frecuencias del sábado y el domingo, no había lugar en las aeronaves; algunos fueron reubicados en aviones de otras compañías, y otros volarán hoy.

En tanto, continúan en el ambiente de la industria aérea las incógnitas de por qué los técnicos de APTA se lanzaron a una ofensiva frontal contra la administración de Mariano Recalde. Cabe recordar que este embate se inició la semana pasada con una carta firmada por Cirielli en la que acusaba al CEO de la aérea reestatizada de no haber invertido en instalaciones para reparación de aviones y de haber postergado el mantenimiento de varias aeronaves.

Esa ofensiva, curiosamente, coincidió con la lanzada por APLA, el sindicato de los pilotos. Sus dirigentes, encabezados por Jorge Pérez Tamayo, reclamaron por la posible separación de Aerolíneas y Austral, y otros temas puntuales.

Fuentes del sector afirman que estos dos embates sólo tienen en común la simultaneidad y la aspiración de los dirigentes gremiales de avanzar en la conducción de la empresa.

Cirielli es hombre de Julio De Vido, con quien mantiene una amistad desde la época en que el gremialista apoyó al entonces candidato Néstor Kirchner; sirvió como subsecretario de Transporte Aerocomercial durante todo el Gobierno de Kirchner y después de aliarse con Hugo Moyano se pasó a las filas de la CGT Celeste y Blanca de Luis Barrionuevo. Sin embargo, el ministro de Planificación Federal calificó de «extorsión» el «paro encubierto» (así llama el Gobierno a la medida de fuerza) lanzado por APTA.

La intención de los pilotos es otra: se trata de evitar que Aerolíneas tenga una monoflota de Airbus 340 para sus vuelos transoceánicos. La empresa ya discontinuó los tres Boeing 747-400 que alquilaba, y aspira a reemplazarlos por otros tantos Airbus 340 que iba a alquilarle al «leasor» GE-CAS. Sin embargo, aquí vuelve a tallar APTA: los técnicos adujeron (aparentemente con razón) que esas máquinas no estaban en buenas condiciones (alguna no vuela desde hace más de un año).

Sucede que los pilotos tienen una jefatura y una subjefatura por cada flota (o sea, tipo de avión) que opera la compañía. En la actualidad, Aerolíneas tiene cuatro marcas en vuelo: los Boeing (en sus modelos 737 y 747), los Embraer recién llegados para Austral, los viejos MD -que serán reemplazados por los brasileños en forma gradual) y los Airbus. Cada una de esas flotas implica cargos y privilegios que los pilotos no quieren resignar.

El dilema de hierro que enfrenta el Gobierno es el siguiente: si culpa a los gremios por el colapso de Aerolíneas, le daría la razón al argumento que esgrimen sus exdueños, Marsans, en el juicio que siguen en el CIADI. Si, en cambio, atribuyen los problemas a una mala gestión, la culpa recaerá sobre La Cámpora, un grupo por el que la Presidente siente especial afecto.

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