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Lúcida revisita de Gambaro a Ibsen
Belén Blanco interpreta una Nora multifacética con fiereza, desesperación, vulnerabilidad y un notable despliegue físico.
En su relectura de "Casa de muñecas" de Henrik Ibsen, la escritora y dramaturga Griselda Gambaro retomó un procedimiento que ya había utilizado en "La Señora Macbeth". Se apropió de un personaje emblemático del teatro universal para indagar en la conciencia, deseos y responsabilidades de una mujer cuya posición -haga lo que haga- continúa bajo dominio masculino. La novedad que introduce Gambaro en el mencionado texto de Ibsen, es la presencia del propio autor discutiendo con la protagonista mientras da forma a "Casa de muñecas" (1879), en el fragor del escenario.
El conflicto que atormenta a Nora es el mismo: teme que su marido se entere de un préstamo que obtuvo a escondidas falsificando la firma de su padre. Aquel dinero financió el viaje en el que su esposo recuperó la salud. Poco antes de liquidar la deuda, Nora es extorsionada por el prestamista. En el fondo espera que su marido la comprenda, pero éste reacciona con un puritanismo egoísta y obtuso. Descalifica a su mujer, la trata de inmoral y le prohíbe educar a sus hijos. Ante semejante humillación e ignominia, Nora madura de golpe y abandona la casa.
En la versión de Gambaro, la rebeldía de Nora se manifiesta desde que la joven ingresa a escena, lúcida, furiosa y con ánimo revisionista. Su crítico análisis del modelo conyugal, la lleva a desmenuzar con impaciencia su pasado de mujer-títere sin voz ni ideología propia, y sus reproches a Ibsen revelan un perspicaz análisis de los hechos narrados en la pieza. Pero nada la libera de los mandatos sociales (encarnados por el autor), ni del desgarro de estar luchando sola en un drama que la preexiste con paradigmas muy difíciles de cambiar. Un pianista en escena, exquisito vestuario de época y un espacio atemporal que deja a la vista el mármol de la sala, enriquecen la puesta de Silvio Lang. El talentoso director pampeano subrayó el trabajo corporal de los actores así como sus estallidos emocionales. Aunque son recursos que favorecen a la protagonista (Belén Blanco interpreta a esta Nora multifacética con fiereza, desesperación, vulnerabilidad y un notable despliegue físico), en los demás personajes, estos gestos crispados sólo parecen repetir una fórmula. La figura de Ibsen, en cambio, (rol a cargo de Alberto Suárez) es un sobrio contrapeso para Nora, a la que guía con amable intransigencia.


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