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Lula sigue inmune a una prensa hostil
Hay diferencias, claro, con la trinchera mediática de la Argentina actual. La principal: la popularidad de Lula se sostiene en su carisma y en su presencia frente a las cámaras. Es una cuestión de escala, también. En Brasil, el conjunto de diarios imprime 2 millones de ejemplares por día para los 185 millones de brasileños. «Publican para una élite de élites», dice a Ámbito Financiero un corresponsal brasileño destacado en Buenos Aires. «Ni los diarios ni las revistas Epoca y Veja, muy críticas ambas, van a doblegarlo aunque sí advertirlo», continúa. Como advierten todavía del «riesgo Lula», una rémora que viene desde los 80, a la que no han renunciado ni la prensa paulista (O Estado, Valor Económico y Folha de Sao Paulo) ni la carioca (O Globo, Jornal do Brasil) ni la de la capital (Jornal de Brasilia, Correio Braziliense).
Del lado de enfrente, tampoco el poder habla de «fusilamientos mediáticos» ante
la artillería que le prodiga la prensa. Que además, nada tiene de balacera a mansalva sino que los medios apuntan, certeros, como francotiradores entrenados, a objetivos puntuales: Valor tiene puesta la mira en la finanzas y en las relaciones exteriores
y es el vehículo del empresariado y de la FIESP; O Estado controla las líneas políticas y la administración lulista; Folha, no tan crítico como los otros diarios paulistas, viene siendo durísimo con la «alianza armamentística» con Francia. Desde Río de Janeiro, O Globo, menos contestatario, sólo opina fuerte cuando Lula se mete con intereses cariocas (como el editorial del domingo), como son Petrobras o Vale, empresas con sede en la «cidade maravilhosa».
Lula, por su parte, tiene un particular modo de relacionarse con esos medios que le muestran los dientes. Al revés que su antecesor Fernando Henrique Cardoso, no está cómodo jamás con los medios. Sin embargo, no los ningunea. Casi a diario el presidente regala algunas frases a los periodistas. Dos o tres conceptos para los acreditados en el Palacio del Planalto y a los movileros que cubren su periplo. En cuanto a periodicidad, todos los lunes hace una salida al aire por Radiobras en «Café con el Presidente» y, desde este mes on line con el Blog del Planalto, una página con noticias sobre su gestión, no exenta de un tufillo preelectoral y que, al no habilitar una respuesta instantánea para los internautas, provocó la creación de un sitio clon desde donde los brasileños pueden darse el gusto de postearle una contestación inmediata al Presidente.
Muy de vez en cuando, Lula otorga una exclusiva. Como la del jueves pasado a Valor Económico, el órgano del establishment económico paulista que controlan los Grupos Folha y Globo en partes iguales. Fue la primera entrevista desde que comenzó la crisis global y en ella, a lo largo de 90 minutos, el presidente brasileño se explayó sobre sus objetivos de nacionalización para el Banco do Brasil, Petrobras y la minera Vale.
Ese tema le provoca una urticaria crónica a O Estado, el más conservador de los diarios grandes, que desde hace un mes publica varios editoriales semanales sobre la política estatizante de Lula. Esto genera reacciones en el lulismo, como la de José Dirceu (ex jefe de gabinete de Lula que renunció por el escándalo del «mensalao»), que el viernes pasado acusó al diario de pelear «un segundo round dentro del vale todo electoral que pretende sostener hasta las elecciones de octubre de 2010». ¿Y el primer round? El boxeado hasta agosto, por el que O Estado encabezó las denuncias de corrupción contra José Sarney, el aliado de Lula en el Senado. Tanto, que el Tribunal de Justicia de Brasilia le prohibió al diario publicar adelantos sobre la investigación que la Policía Federal llevaba en el caso.
Con la campaña preelectoral ya instalada, los diarios brasileños no apuestan abiertamente por ningún candidato todavía (como O Globo hizo en los 90 con Fernando Collor de Mello). Por ahora siguen poniendo, por escrito, los mensajes y advertencias del establishment intelectual y económico. Una manera de reflejar la alianza hecha por el mismo Lula con ese sector, al elegir como vicepresidente a José Alencar, un representante del empresariado paulista.


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