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“Lunes negro” cumplió 25 años: ¿retornará?
La tapa de Ámbito Financiero del lunes 20 de octubre de 1987 informaba sobre la caída de Wall Street.
Un cuarto de siglo después muchos se preguntan si podrían volver a ver una caída como la de ese día. Todo indica que no, ya que ahora existen los «circuit breakers» o cortafuegos, que se implementaron precisamente debido este crac. Si hay una fuerte caída en un valor o en un índice se activan mecanismos para detener la negociación. Sin embargo, como ocurrió no hace mucho, durante el «flash crash» del 7 de mayo de 2010, esos mecanismos no funcionaron como debían por lo que en el mercado siempre hay que esperar lo inesperado. Ese día el Dow perdía en pocos minutos cerca de 1.000 puntos. La versión oficial explicó que un operador habría introducido por error una orden sobre las acciones de Procter & Gamble en el sistema cambiando una m (millions) por una b (billions) provocando una reacción en cadena en todas las máquinas. Actualmente entre un 50% y el 75% de la negociación se lleva a cabo por programas de trading de alta frecuencia. La versión extraoficial dice que la caída no la provocó un operador novato errando a una tecla y algunos apuestan a que fue un simple aviso de lo que podría pasar con sólo tocar una tecla, de parte de los grandes intereses de Wall Street, sobre la administración Obama; y otros vieron un cyberataque terrorista.
Lo cierto es que cuando existe una burbuja sólo hace falta una ligera presión para que estalle. De las tres conocidas (el 10 de marzo de 2000 estalló la burbuja de las punto.com; en 2008 la burbuja inmobiliaria y la crisis de las subprime; y el 2 de marzo de 2009 estalló la burbuja financiera con el protagonismo de Lehman Brothers) cada una de ellas ha sido consecuencia directa de la anterior con lo que, con base en supuestos, hoy los analistas vuelven a preguntarse si se está ante la cuarta burbuja, la de la deuda. Para muchos el Banco Central Europeo está colaborando en una gigantesca burbuja financiera. El origen se encuentra en las deudas que debieron asumir los gobiernos para financiar a bancos en quiebra que, a su vez, ahora asumen la deuda de sus Estados. España es el principal tenedor de deuda de Portugal; Alemania y Francia lo son de Grecia, y Estados Unidos de sí mismo.


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