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Luz de alerta para el look presidencial 2009
Roberto Piazza
asesora de imagen
Cristina es femenina, pero aún tiene un gran potencial no explotado. Claro que no es fácil estar siempre perfecta y más aún en su caso, que está tan expuesta. Le quedan bien los colores fuertes, que resaltan su mandato y autoridad pero debería abandonar los rosados y lilas. La favorecen los sacos entallados, faldas amplias, botas y trajes de saco y pantalón angostos y rectos.
Debería mostrar más su cuello, ya que es largo y estilizado. Tiene buen cabello para lucir suelto pero le aconsejaría acortarlo un poco. Su maquillador debería potenciar su piel con labiales beige, no los rosados.
En cuanto a los accesorios, le recomendaría que no use boinas sino sombreros, y sólo si el protocolo lo requiere. Para eventos al aire libre podría optar por sombreros o capelinas frescas, de estilo casual.
Debe recordar el lema de la moda: «menos es más», y le diría que siempre tenga en cuenta los diez mandamientos que no deben faltar para lograr un guardarropa femenino y elegante: 1) estiletos, 2) el clásico vestido negro, 3) impermeable o trench de Burberrys, 4) camisa blanca y falda negra, 6) anteojos negros estilo Jackie, 7) pañuelo Hermés o Chanel, 8) suéter de cachemir y un buen blazer negro o azul marino, 9) perlas, 10) Kelly Bag de Hermés. Son algunas de las cosas que las damas elegantes deben tener siempre en el placard.
diseñador
Sin dudas, Cristina logró mejorar su look a lo largo de 2008. Cuando la vi por primera vez tenía la imagen de una mujer de campo sureño, con carácter fuerte, abrigos de calidad y melena al viento. Pero al llegar a la Casa Rosada se vio obligada a estar espléndida todos los días.
Desde que comenzó su mandato luce el cabello suelto, al viento, creando un look salvaje, combativo y sexy. Corrigió el exceso de alargador de pestañas y comenzó a usar ropa de colores fuertes y telas brillantes, algo demasiado cansador para la vista.
Debería prestar atención la Presidente a los defectos de su indumentaria. Algunas de las telas satinadas que usa denotan mala confección. Quizá debería variar de modista, optando por diseñadores de alta costura local. Debería dejar de usar trajes de boutiques y optar por los de sastre. Tampoco le recomendaría tanto brillo. La Presidente es bella, tiene una imagen muy fuerte. No necesita quemar la retina de su vice con una pollera azul eléctrico y brillante. Con su carácter y personalidad, lo logra igual. Debería permitirse repetir los modelos de calidad. Debe entender que no está mal vista la repetición.
Otro defecto son las joyas: las usa en cantidad y de igual color. Sería preferible que elija un anillo con detalle de cristal, como los que usa Mirtha Legrand o Susana Giménez para cortar tanto oro amarillo. Le recomendaría que use sólo faldas campana al bies y no muy amplias, de géneros buenos, de lo contrario engordan su figura. El traje rayado opaco es la mejor opción para su cuerpo. Los spencer le marcan las caderas ensanchándolas y las faldas tubo debería usarlas diez centímetros por debajo de la rodilla, más que el largo chanel que siempre lleva.
Sin dudas se mueve mejor en el campo. Pero debería empezar a usar alta costura de verdad, ella lo amerita.
diseñadora y vestuarista
El estilo de la Presidente a la hora de vestirse cambió y evolucionó con el paso de los meses. Con el paso del invierno al verano, bajó la intensidad del maquillaje y se animó al color rojo en su cabello. En general, mantuvo una marcada y elegante tendencia europea en su vestidor, pasando por una amplia variedad de colores y conservando un bajo contraste entre ellos, sin abandonar, por supuesto, los grandes y destacados accesorios que adora.
Su imagen es siempre atinada y acorde, pero no es autóctona, y por eso, no deja huella. La Argentina cuenta con innumerables propuestas de diseños exclusivos, con tejidos locales de buena calidad, que recuerdan al folklore nacional. ¿No podría ser la Presidente quien posicione a la Argentina en el mundo desde la indumentaria también? Debería Cristina ser portadora de un estilo en armonía con lo que somos, que dé cuenta del arte y cultura de nuestra tierra.
En 2009, la mandataria debería inspirar su imagen en nuestra identidad nacional si quiere que su look trascienda.
diseñador
Fue un año con muchos altibajos y problemas para la Presidente. Todo los avatares del país repercutieron en el guardarropas de Cristina de Kirchner, ya que la moda que es ciento por ciento social, y todo lo que nos pasa, se manifiesta en el look.
Arrancó 2008 segura, fresca y femenina, con un conjunto blanco de encaje que se diferenciaba de todos los trajes oscuros que siempre caracterizaron a los hombres del poder.
Pese al arranque colorido, llegó la pelea con el campo, que pareciera que frenó muchas ilusiones en Cristina. Las disputas con el agro la obligaron a bajar el perfil. El cambio de humor de la dama se manifestó en primer lugar en la adopción de colores neutros y oscuros. Además, fue notable el cambio de las alhajas por boinas, pañuelos, cinturones y grandes carteras. La elección de estos accesorios la llevó a cometer desaciertos. El exceso en los cinturones anchos y los trajes de shantung con demasiado brillo, fueron los errores más importantes.
Lo positivo del cambio fue el refinamiento de su maquillaje. Su peinado es correcto, aunque no le aconsejo los recogidos, su cabello luce mejor cuando no está tan estructurado.
El mundo esperaba con ansias que Cristina de Kirchner se convirtiera en una nueva generadora de tendencias como lo fueron Jackie Kennedy y Eva Duarte de Perón. Pero la crisis mundial y las preocupaciones locales empañaron el ajuar de la Presidente.
Le recomendaría que retome el estilo con el que comenzó su Gobierno. Es una mujer con carácter fuerte e inteligente por lo que espero que en 2009 afiance se look. Sólo si lo consigue, podrá lograr una imagen que marque tendencia.
diseñadora
La Presidente tiene una imagen ecléctica, cambiante y poco coherente, aunque a veces logra looks monótonos. Si bien durante 2008 logró mejorar su ajuar, aún le quedan muchos detalles por revisar. Debería tener en cuenta Cristina de Kirchner que hoy el lujo no pasa por el costo de la indumentaria o las marcas, sino por el resultado final del conjunto. Más allá de las prendas y de los accesorios individuales, el look entero debe ser coherente, fino, simple, pero personal. Esto es justamente lo que no se observa en el guardarropa de la mandataria argentina.
Cuando elige conjuntos con faldas por debajo de las rodillas y sacos entallados de mangas tres cuartos, luce bien. Pero se excede en combinar los conjuntos siempre con cinturones anchos en diferentes colores, abusando de este recurso que no siempre es necesario ya que se puede marcar la cintura sólo con el corte entallado de una prenda. Si tanto le gusta este accesorio, es preferible que use los más angostos.
Otro de los desaciertos en su look que demostró durante el primer año de gestión fue la elección del calzado: los zapatos puntiagudos ya pasaron de moda y no son un clásico. Tampoco le quedan bien los pañuelos en la garganta.
En materia de accesorios podría elegir más seguido las boinas que tanto le gustan y que podrían convertirse en el sello personal de su estilo. Pero de todas formas, tampoco debe abusar de este complemento. Cristina debe aprender que es necesario planificar cada detalle de los conjuntos que viste, sin dejar nada librado al azar.
Le recomendaría que deje de abusar de las texturas pesadas y los brillos y debe ser más cuidadosa a la hora de elegir vestuario multicolor. Lo ideal en su caso es usar ropa en un solo tono y optar por un detalle en otro tono, que puede ser otra prenda superpuesta o un accesorio.
Abel Luppo
diseñador
En el transcurso de este año, la Presidente ha ido variando de manera muy sutil su look. Aunque no debería, cambió su imagen personal de acuerdo con los avatares que vivió el país, como el conflicto con el campo o el estallido de la crisis financiera internacional.
La impronta de Cristina Kirchner es personal. Tiene estilo propio pero aún tiene posibilidades de explotar ese sello que la caracteriza con un look más definido. Pese a los cambios, todavía mezcla demasiadas texturas en sus conjuntos que no terminan de definir su figura.
Le recomendaría un make-up más natural y líneas más depuradas en la sastrería. Comete errores en la elección de ciertas prendas, como los coloridos impermeables que usa en los días de lluvia.
Destaco su calzado, pero no así los accesorios que lo acompañan. Por ejemplo, los cinturones demasiado anchos que tanto usa no la favorecen.
Debería abandonar de una vez por todas los géneros brillosos durante el día, reservándolos sólo para eventos de gala. Pareciera que a veces Cristina de Kirchner olvida que la ropa es un lenguaje. Por lo tanto, el discurso debe ser coherente siempre con lo que llevamos puesto.
Marcelo Toledo
orfebre
Este fue un año complicado para Cristina de Kirchner, sobre todo durante el conflicto con el campo, que marcó en gran medida su vestuario. Esa disputa se tradujo en el peor momento para su look, con atuendos clásicos y en colores demasiado oscuros. Esa transformación la apagó. Cambió joyas por pañuelos, una decisión desacertada ya que éstos la tapan mucho y distraen la vista del público.
Asimismo, la Presidente supo mostrar siempre la femineidad que se esconde detrás de su cargo. Siempre aggiornó con glamour y elegancia la vestimenta que requieren determinadas ocasiones protocolares, creando su propio sello.
Quizá debería usar accesorios más pequeños, y más seguido las perlas que tanto le gustan, ya que las sabe llevar bien. Debería lucir más su cuello, dejando abiertas un poco sus camisas, dejando más a la vista las joyas juveniles que usa. El cambio de su look desde que asumió como Presidente fue rotundo. Su gusto se depuró. Incorporó los trajecitos en la paleta de los pasteles, que es lo que mejor le queda.
Ana Romanelli
maquilladora
Pese a que este año Cristina de Kirchner exhibió distintos looks, en todos aparece un denominador común: el exceso y los desaciertos en la elección de equipos y accesorios, que no son elegantes. Su personalidad dura y poco distendida se refleja en su vestuario. Su look es demasiado elaborado, sobrecargado, a veces rebosante de accesorios y joyas por doquier. Pero a pesar de ese despliegue de prendas y complementos costosos, no logró definir su estilo.
A veces trata de mimetizarse con los lugares que visita (inolvidable su look afrancesado en la marcha por Ingrid Betancourt en París o su exagerada y pomposa bufanda de piel combinada con cuadros en su viaje a Rusia), algo totalmente fuera de lugar. Cuando viaja al exterior se empeña en ser centro de miradas, dando la impresión de ser de una luminaria del mundo del espectáculo más que una jefa de Estado.
Son preocupantes las extrañas combinaciones de colores y texturas que suele hacer, como los trajes sastre jaspeados en grises, con camisa verde oliva y pañuelo naranja, inadecuadas para una presidente. Las polleras de seda, con saquitos de lana manga corta y botas altas le restan seriedad.
Tampoco la favorece el exceso de cinturones anchos, un elemento que usa para toda ocasión, con trajes, vestidos de raso, polleras de shantung o camisa de encaje.
M. Guadalupe Tristán
asesora de imagen
Durante su primer año de gestión Cristina de Kirchner sorprendió con su hábito de estrenar todos los días una vestimenta distinta. Siempre se muestra multicolor, brillosa, con sedas, shantungs y gasas, carteras muy costosas, make-up excesivo y cabello poco natural. Su imagen no es la de una ejecutiva con la responsabilidad de estar a cargo de los asuntos de Estado.
Su rol requiere estar siempre bien vestida, cómoda, natural y descontracturada. Sin embargo, luce a diario equipos confeccionados con telas de fiesta para concurrir a su despacho y a los actos diurnos.
El único momento en que rozó un estilo coherente a su función fue durante el conflicto con el campo. En ese período usó colores oscuros, dejó de lado las joyas y adoptó pañuelos para adornar el cuello, mostrando un look menos llamativo y representativo de una Presidente ocupada en temas cruciales para el futuro del país.
Cristina de Kirchner no tiene un estilo constante, a veces viste bien, pero en muchas oportunidades no estuvo a la altura de las circunstancias. La mejor elección de 2008 fue el vestido marfil con tapado de encaje que usó en su asunción, ese mismo modelo que había usado antes la princesa española Letizia Ortiz.
Debería vestir más seguido conjuntos a rayas horizontales y abandonar definitivamente los cinturones y fajas anchas en la cintura.


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