Esquivando las esquirlas de un fin de semana agitado, en el que peligró la sociedad anti-K de Mauricio Macri con Francisco de Narváez y Felipe Solá, empezó a bosquejarse la lista de diputados nacionales que revela un duelo de fondo entre el porteño y Eduardo Duhalde.
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Las pinceladas del acuerdo ilustran, en la foto móvil, un primer entendimiento para repartir espacios entre los tres socios visibles de la alianza aunque, en realidad, el pulseo grande es entre estilos y, sobre todo, el armado del día después.
De manual: Macri, con lógica o no, considera nociva la cercanía del lomense y advierte que, de cara a 2011, el ex presidente y ex gobernador buscará incidir en el armado del PJ disidente. Por eso, el diseño de las boletas del 28-J es la preliminar de esa batalla.
Es más. A la hora de elegir, la hipotética incompatibilidad entre Macri y Solá, por el eventual presidencialismo de ambos, aparece para el jefe de Gobierno porteño como menos peligrosa, o más manejable, que la presencia demasiado cercana del caudillo de Banfield.
Macri avanzó un casillero al hacer recular a Claudia Rucci, apadrinada por Gerónimo «Momo» Venegas, al cuarto lugar y quedarse con el cupo femenino del primer tercio. Festeja, además, que el componente felipista de la boleta porte bajo ADN duhaldista.
Además de su propio nombre, el ex gobernador -de diálogo con el ex presidente pero autónomo- sube a la boleta a Jorge Sarghini como quinto y a Roberto Mouillerón en el noveno lugar. Ninguno de los dos -aunque Sarghini fue ministro bonaerense- formó parte del duhaldismo ortodoxo. No ocurre lo mismo con De Narváez, que oferta, para el sexto casillero, a Alfredo Atanasof, que por mandato de Duhalde dejó su cargo junto a Daniel Scioli y se convirtió en operador estrella del coloradismo. El empresario anota, además, a Gustavo Ferrari con la 10 y a Jorge Srodek, de CARBAP, para el cuarto tercio.
El propio Macri, a su vez, explora su agenda en busca de una dama «bien PRO», con guiño de Gabriela Michetti, para el tercer lugar -Carolina Stanley, Soledad Acuña y Gloria Stegmann-, reserva para Silvia Majdalani el séptimo casillero, aunque podría terminar expulsada para abajo. Además orejea entre Rubén Ledesma, Diego Guelar -hoy «canciller de Macri- y Jorge Triacca (h) para el octavo escalón de la boleta. Rankea mejor el sindicalista de La Matanza.
Más brumoso se vuelve el panorama cuando se baja a los territorios, particularmente al conurbano, donde la presencia excesiva de hiperduhaldistas supone para Macri un riesgo que podría, incluso, afectarlo en la elección que más le importa: la porteña (ver aparte).
Tiene, por momentos, intereses concordantes con De Narváez. En el oeste y norte del conurbano, por caso -Primera Sección-, ambos se muestran interesados en derrumbar a Carlos Brown del tope de la lista. Brown, que llegó de la mano de Duhalde, preside el think thank duhaldista: el MPA.
El interrogante, que abruma a los macristas, es determinar qué porcentaje de los llamados felipistas, al caer cada jornada, deja sus informes diarios en el San Juan Tennis Club, reducto de divertimentos y tratamiento antiestrés del ex presidente interino y del duhaldismo ampliado.
Duhalde tiene más de un recurso: en la Tercera, la otra zona discutida, puede relegar a Osvaldo Mércuri para impulsar, en sincronía con De Narváez, a Gustavo Ferri, su yerno. Puede argüir, en ese caso, que Ferri tiene poco prontuario y poco currículum.
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