Maduro cree que se blinda aislándose del mundo

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¿Aislada o sin ninguna contención regional? La prometida retirada de Venezuela de la Organización de Estados Americanos (OEA) abre un interrogante sobre cómo será su futuro en materia de relaciones internacionales.

La decisión del presidente Nicolás Maduro, justificada por consideraciones de defensa de la soberanía nacional, plantea más dudas que certezas, las que abarcan desde los pormenores técnicos de una ruptura inédita en la historia del organismo hasta saber si el Gobierno chavista efectivamente capitalizará esta crisis.

Si bien la canciller venezolana, Delcy Rodríguez, afirmó que desde hoy, con la denuncia de la carta de la OEA, el país ya no participará de actividades del órgano ni acatará sus decisiones, durante los dos años que demorará el proceso Venezuela mantendrá los derechos y las obligaciones de cualquier país miembro.

Jaime Aparicio Otero, expresidente del Comité Jurídico Interamericano de la OEA, le explicó a Ámbito Financiero que el país continúa sujeto a las normas que rigen a la organización panamericana. "La OEA puede enviar una comisión de cancilleres e incluso activar la Carta Democrática. Maduro no se va a librar de esas sanciones con una decisión unilateral", dijo. En su opinión, la ruptura anunciada por Caracas precisamente responde a una estrategia para sortear disposiciones en su contra. "Es un pretexto para evitarlas", indicó, a la vez que destacó que ni siquiera Cuba -con una conflictiva relación con la OEA que llevó a su expulsión en 1962- tomó una decisión así.

La internacionalista venezolana Elsa Cardozo consideró que la orden de Maduro provoca "un balance raro". "Por un lado, el país se aísla cada vez más, pero a medida que se cierra, centra más la atención internacional", afirmó.

Agregó que como las gestiones a través de organismos como la OEA o el Mercosur deben realizarse con el consentimiento del país, la autoridad de esas organizaciones ya estaba bloqueada de hecho por el Gobierno. La analista no excluyó que, como acciones de presión, los países de la región puedan coordinar medidas bilaterales para influir sobre las autoridades chavistas.

Por su parte, el diplomático argentino Rodolfo Gil, exembajador del país ante la OEA, afirmó a este diario que habiéndose iniciado la salida de Venezuela del organismo, no habría un motivo claro para tomar medidas contra ella, como atender el pedido de la oposición antichavista de suspenderla. "Venezuela siempre tuvo una base fuerte de apoyo. No sólo de los países del ALBA, como se cree, sino también de naciones anglosajonas caribeñas (que son trece) con las que tuvo vínculo a través de Petrocaribe, lo que continúa dificultando una medida de esa magnitud", sostuvo.

Respecto del procedimiento de ruptura, hay más dudas que certezas debido a que se trata de un hecho inédito. Se sabe que el país deberá pagar las cuotas de membresía atrasadas y la de los próximos dos años, lo que elevará el monto total a más de 10 millones de dólares.

Sobre los pormenores de la salida, Gil señaló que "cada tratado firmado en el marco de la OEA deberá ser denunciado debido a la amplitud jurídica con la que funciona el organismo".

Mientras que Aparicio Otero explicó que es posible dar marcha atrás con la ruptura sin mayores inconvenientes. Aclaró, no obstante, que si durante los dos años que demora en efectivizarse la salida Venezuela es expulsada, deberá demostrar que las circunstancias que la apartaron del organismo dejaron de existir.

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