11 de enero 2017 - 22:16

Mairal: “Salvatierra” y su larga marcha hacia tierras exóticas

• DIÁLOGO CON EL NOVELISTA QUE HIZO DE UNA HISTORIA DE PADRE E HIJO UNA FÁBULA UNIVERSAL
“La uruguaya” es la obra más reciente de Pedro Mairal, aunque el autor hoy reflexiona sobre un libro suyo, publicado hace ocho años, y que se tradujo a lenguas tan alejadas como el igbo y el yoruba.

Pedro Mairal. El autor de “Una noche con Sabrina Love” y su rico presente en las letras.
Pedro Mairal. El autor de “Una noche con Sabrina Love” y su rico presente en las letras.
Un cuadro de cerca de tres kilómetros de largo que cuenta el día a día de un paisaje, hecho por un pintor mudo, provinciano y empleado de Correo, es el punto de partida de "Salvatierra", cuya segunda edición publica luego de ocho años Emecé, coincidiendo con las ediciones que aparecen en África en idioma igbo y yoruba. Dialogamos con su autor, Pedro Mairal, quien publicó hace poco "La uruguaya", su nueva novela y noveno libro.

Periodista: ¿Qué cree que hizo que esta historia se haya traducido al inglés, el francés, el italiano, el árabe, al tailandés y a lenguas africanas como igbo y yoruba?

Pedro Mairal: Hay libros que viajan mejor que otros. Hay los que se entienden a veces en un contexto sociocultural, un momento, un país, y los que saltan por sobre eso gracias a su temática y soportan bien una traducción, donde hay una modificación enorme del lenguaje. Traducir un libro es pasar a otro imaginario. "Salvatierra" tiene algo universal, y eso estuvo lejos de mi plan, por contener la relación padre-hijo, la distancia que hay entre las generaciones, la temática del artista. Es el descubrimiento de un hijo de la vida íntima del padre, de sus tiempos privados. Y conociéndose a sí mismo, descubre que el padre lo había pintado a él, lo había incluido en su obra, y lo había mirado de un modo que él desconocía.

P.: Salvatierra, el padre, es mudo, pintor, empleado de correo y conquistador de mujeres, todo un personaje.

P.M.: Tiene algo de dos personas que me interesan mucho. Juan L. Ortiz, el poeta entrerriano, de bajo perfil y largo aliento, que trabajó toda la vida en el Registro Civil anotando muertes y nacimientos. También tiene de César Mermet, poeta que escribió toda la vida y no quiso publicar. Lo conocí gracias a mi maestro y gurú Félix della Paolera, que tenía su obra, porque antes de morir Mermet le dijo a su mujer: dale eso a Félix. En esos rollos estaba la vida entera. Yo trabajé, con amigos poetas, recopilando esa obra, pasándola en limpio. En ese material, como en el que deja Salvatierra, está su arco vital, su crecimiento, sus trastornos, su madurez, sus conflictos, sus demonios. Que eso estuviera en la obra me fascinaba porque yo quería contar la novela a través del cuadro.

P.: El padre es mudo pero da señales, habla por gestos. Sobre el final el protagonista dice que uno tiene que descubrir el espacio que ha dejado libre el padre para ahí construir su identidad.

P.M.:
Necesitaba hacer mudo a Salvatierra para que toda su expresión saliera a través de la imagen, que su autobiografía fuera el cuadro que pinta, y que no opinara sobre su obra, no diera entrevistas, que estuviera al margen del mundo artístico. Si se tiene un padre artista, uno se busca otro lugar, otra rama del arte, otra concepción, otra mirada. El hijo ve que Salvatierra pintó todo, no le dejó el color, y por eso su vida es gris, apagada. El color y la fuerza vital son de su padre. Así descubre su lugar en la palabra, en la escritura, termina trabajando en un diario; luego de haber probado en otras cosas encuentra de algún modo su lugar. Como el nieto de Salvatierra encuentra su lugar en la música. Era medio diablo Salvatierra, hacia el final al protagonista le aparece un medio hermano mestizo que vive del otro lado de la frontera. Me gustaba el mudo erótico, el tapado, el "pata del lana" como llaman en los pueblos a aquel que se mete a la siesta en el cuarto de una mujer que le abre la puerta.

P.: "Salvatierra" es su quinto libro, después vinieron cuatro más, el último "La uruguaya". ¿Cómo lo ve luego de ocho años y las críticas que recibió?

P.M.:
Sorprendía porque no respondía a la demanda de otra novela erótica después de "Una noche con Sabrina Love". "Salvatierra" es una novela de contemplación, me dijeron que parecía de un escritor japonés. Mis libros provocan algo, que no sé si es bueno o malo, pero como son distintos entre sí hay fans de un libro. Están los que les gusta este tipo de libro y no los que son como road movies; "Sabrina Love" o "La uruguaya", hay fanáticos de "El año del desierto", novela larga, histórica, intento de novela total, les parece que ese es mi libro. La gente entra por un libro y después quiere un poco más de ese tono. Hay cosas en común en mis libros, pero no me interesa hacer segundas partes. No me interesa la repetición porque me aburro.

P.: ¿Le sirvió dar clases de literatura creativa?

P.M.:
No sé bien cómo pero me sirvió. Estudiar Letras me sirvió pero no para escribir sino porque me hicieron leer, pero no hay una cocina de la escritura en la carrera de Letras. Ahora están apareciendo con maestrías. En la carrera de Letras de antes uno se convertía en un excelente lector y eso a veces decantaba hacia la escritura. Enseñar, dar talleres, me volvió consciente de algunos recursos, de ciertas técnicas. La docencia le enseña al maestro, le impone pensar, reflexionar, programar, descubrir dificultades, ver que se tiene algo que se puede traspasar.

P.: Después de "La uruguaya", ¿en qué está?

P.M.:
En el guión de "La uruguaya" con Hernán Casciari y Christian Basilis. Van a estar Diego Peretti, como protagonista, y Javier Beltramino. Todavía no está la protagonista, yo insisto que tiene que ser uruguaya, porque si no va a ser vivido por los uruguayos como una estafa que la uruguaya sea argentina habiendo mujeres como Natalia Oreiro. Me estoy dedicando a la música sin abandonar la literatura. Siempre tuve una veta musical pero no la había desarrollado y estoy haciendo canciones, componiendo.

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