11 de diciembre 2008 - 00:00

Malestar en la CGT por coqueteo con Yasky

El broche final se puso en Olivos, durante el fin de semana largo. Hasta allí, convocado por Néstor Kirchner, llegó Hugo Moyano, flanqueado por un puñado de leales. La charla sirvió para darle solidez al pacto gremial que imagina el ex presidente.
Ocurrió unas horas antes de que, el martes, en el teatro Margarita Xirgu, Moyano se muestre con Hugo Yasky, jefe de la CTA, en el primer acercamiento público entre los caciques sindicales, empatía que supone una defensa compartida de la gestión de Cristina de Kirchner.
El movimiento de Moyano generó, de inmediato, sacudones en el seno de la CGT e, incluso, dentro de su propio sector. El motivo es simple: lo interpretan como una claudicación anticipada ante la eventual cesión de la personería gremial a la CTA. «¿Para qué juntarnos con Yasky?», se interrogó, ayer, un dirigente cercano al camionero. «Si lo vamos a traer a la CGT para absorberlo, apoyamos. Pero si es para un arreglo que sea el paso previo al reconocimiento de la CTA, nosotros no lo vamos a acompañar», avisó.
De fondo, aparece otra queja: en CGT, y algunos referentes del moyanismo, cuestionan el acercamiento al docente como una forma de expresar sus disidencias al alineamiento que Moyano reforzó -aunque va y viene- con los Kirchner.
De hecho, Moyano aceptó posar con Yasky y dos jefes piqueteros K: Edgardo Depetri, del Frente Transversal, y Emilio Pérsico, del Movimiento Evita. La pretensión de Kirchner es integrar con esos cuatro sectores un bloque K que defienda al Gobierno en las calles.
La esencia de ese planteo refiere a que a pesar del respaldo de los gremios peronistas, la Casa Rosada sigue sin dar señales en la dirección que pretende la cúpula sindical. Citan, en ese sentido, el pedido de eliminar la «tablita de Machinea» y el meneado plan antidespidos.

Denuncia

Ocurre, además, en un contexto de gravedad creciente. Ayer, por caso, La Unión de Recibidores de Granos y Anexos (URGARA), que lidera Alfredo Palacio, denunció que «las empresas prestatistas comenzaron a producir suspensiones y, en algunos casos, despidos».
Palacio elevó un doble reclamo: al Gobierno y a la CGT para que intervenga. De hecho, en la calle Azopardo, siguen actualizando el «mapa de la crisis» que, hasta la semana pasada, y sin relevar todos los sectores, daba cuenta de 11.800 despedidos y suspendidos.
El punteo de cómo está afectado la caída de la actividad es una tarea que recayó sobre Omar Viviani, titular del gremio de conductores de taxis y secretario gremial de la CGT. Se trata, además, de uno de los soldados que opera junto con Moyano.
El malestar cegetista -los «gordos» son, por caso, eternos batalladores contra la CTA y cuestionan el acercamiento de Moyano con Yasky- tiene, además, expresiones en otros aspectos.
Uno de los puntos refiere a la inseguridad: otra vez, La Fraternidad, gremio que comanda Omar Maturano, volvió a alertar sobre un paro ferroviario.
Lo hizo ante «los ataques diarios que sufren los trabajadores, usuarios, estaciones y material tractivo» y repudió la agresión cometida por desconocidos en perjuicio de un empleado de la firma Ferrovías.
El planteo apunta al Gobierno, porque dos meses atrás se había dispuesto un refuerzo de efectivos policiales en los trenes, medida que -dicen- luego se comenzó a incumplir. Maturano forma parte del eje de gremios del transporte, principal soporte político de Moyano.

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