6 de abril 2009 - 00:00

Manejar y hablar por celular se paga caro en EE.UU.

¿Un ejemplo de «mano dura» o una pena leve? La pregunta se la harán muchos al enterarse de que a Deborah Matis-Engle, una estadounidense que vive en California, la Justicia de ese estado le impuso una pena de seis años de prisión efectiva por enviar mensajes de texto desde su celular mientras manejaba. Sin embargo, el castigo -que a simple vista puede parecer excesivo- se debe a que su imprudencia le costó la vida a otra mujer. La noticia confirma que muchos de los accidentes viales que se producen en el mundo -inclusive en la Argentina- tienen su origen en el uso indebido del teléfono móvil cuando se maneja. Las diferencias, sin embargo (al menos con lo que sucede en la Argentina) son dos, y no menores: la Justicia se tomó menos de un año y medio (el accidente fue en agosto de 2007) para condenar a la culpable, y para eso contó con la ayuda de la Policía, que determinó -tras una breve investigación- sin lugar a dudas que al momento del accidente la responsable estaba usando su celular.
No es necesario recordar que no fueron pocas las voces que se alzaron contra el Gobierno porteño cuando elevó las penas para los automovilistas que usan sus celulares cuando manejan, y también apunta que la inmensa mayoría de los conductores locales sólo dejan de hablar por celular o -lo que es mucho más grave- intercambiar SMS cuando hay un policía cerca.
Tras una revisión de las comunicaciones efectuadas desde su aparato al momento del choque, se estableció que Matis-Engle, de 49 años, venía manejando su automóvil por una autopista californiana -las cámaras de seguridad demostraron, además, que lo hacía a alta velocidad- al mismo tiempo que pagaba sus cuentas a través del teléfono móvil.
Eso le impidió advertir que se aproximaba a un área de una ruta en construcción, lo que había provocado que los vehículos que venían delante de ella debieran detenerse. Así, mientras dividía su atención entre la pantalla de su celular y la autovía por la que transitaba, se llevó por delante la fila de autos parados por la obra. En uno de ellos venía Petra Winn, de 46 años. El impacto fue fatal. La jueza Cara Beatty, tras escuchar «testimonios de carácter» brindados por amigos y familiares de la convicta, dijo en sus fundamentos que Matis-Engle «claramente es otra persona cuando maneja, y lo hace sin el menor cuidado por la gente que podría estar a su paso».

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