Manual del talento de Murakami

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Haruki Murakami, "Después del terremoto" (Bs.As., Tusquets, 2013, 190ágs.)

Una mujer se pasa cinco días en silencio frente al televisor viendo imágenes del terremoto que sacudió la ciudad de Kobe. Hospitales y bancos derruidos. Calles calcinadas. Autopistas destruidas. Rieles retorcidos, Muertos. Muchos muertos. Gente sin casa. Ella siempre sentada. Siempre en silencio. Y el marido trabajando hasta los domingos en un negocio de equipos de sonido. Un día, al volver, no la encuentra. Una esquela le dice: "No volveré nunca más. Eres cariñoso, amable, guapo, pero vivir con vos es como vivir con una masa de aire". La tristeza inunda al hombre. El duelo íntimo supera al que cubre la ciudad. Quiere alejarse de su hogar. Por eso acepta un encargo. Llevar un paquete a la hermana de un compañero de trabajo. Y en ese paquete acaso esté el mundo interior que lo ha abandonado. Esto se cuenta en "Un ovni aterriza en Kushiro", primero de los seis cuentos de "Después del terremoto", donde hay osos, ovnis, mujeres abducidas por el espanto, y un hombre que se ha vuelto impotente para no darse cuenta de la catástrofe que lo rodea. El terremoto natural, y otros muchos, como el financiero de la burbuja inmobiliaria, deja a la gente vacía, abismada. Murakami deja al lector lo fantástico como sospecha.

Ese extraordinario primer relato pone en funcionamiento la idea de Murakami de que "la imaginación es nuestro campo de batalla. Ahí ganamos, ahí perdemos. Claro que nuestra existencia es limitada, al final, siempre acabamos siendo derrotados. Pero, tal como comprendió Hemingway, el valor definitivo de nuestras vidas no lo decide nuestra manera de ganar sino nuestra forma de perder".

En 1995, mientras vivía en Estados Unidos, el gran escritor japonés sufrió los horrores del sísmo que sacudió a la ciudad de Kobe, causando mas de cinco mil víctimas, y que trescientas mil personas, entre ellas sus padres, perdieran su hogar. Hasta ese momento Murakami sólo había publicado sus cuentos en el libro "Sauce ciego, mujer dormida". Con "Después del terremoto" buscó hacer catarsis y "mostrar c+omo un trauma traza una línea definitiva en la vida de cualquiera". Un trauma del que es muy difícil salir, pero se lo puede lograr. Porque "por más lejos que vayas, no podés huir de vos mismo. Pasa igual que con la sombra. Te sigue a todas partes". Entonces es imprescindible descubrir que se lleva "una piedra dentro de tu cuerpo. Que debés deshacerte de ella. Si no lo hacés, cuando mueras sólo la piedra permanecerá, como le explica una mujer mayor a esa médica que se ha ido a "Tailandia" para superar un doloroso divorcio que ha sido para ella una inaguantable zona de turbulencias.

Es el descubrimiento de la verdad de su origen por un muchacho huérfano, en "Todos los hijos de Dios bailan". Es esa rana de dos metros que se presenta a un empleado de banco para salvar a Tokio de un terremoto destruyendo al gusano gigantesco que va a provocarlo, el indudablemente más murakiano de los cuentos de este libro. Y más que el habitual reproche de que Murakami une el surrealismo con el pop, aquí la mezcla es de sus amados KafKa y Dostoievski con Boris Vian, y con notables vínculos con la novela "El gusano máximo de la vida misma" de Alberto Laiseca, acaso porque ambos practican lo que el escritor argentino bautizó como "realismo delirante". El cuento "Rana salva a Tokio" es el único de este conjunto narrativo donde circula de forma manifiesta en "un mundo alucinante donde se disuelven las fronteras entre los sueños y las pesadillas de la realidad", el resto de los relatos tienen la intriga, la magia y la contundencia de las formas clásicas. El último relato, "La torta de miel", parte de un cuento infantil que un padre escritor cuenta a su hija para volver de forma implacable a la necesidad de amar y la imposibilidad de alcanzarlo del modo que suele aparecer en los deseos y en los sueños. Este breve manual del talento de Murakami está, en su brevedad, entre sus mejores libros.

M.S.

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