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Mar del Plata: sexo, Berlanga y cupés en el debut
El gobernador Daniel Scioli saluda a José Sacristán en el Auditorium. El actor español presentó muestra de García Berlanga.
La inauguración fue aún más sencilla que el año pasado: un buen fondo de luces, un breve número de Los Amados, breves saludos del gobernador Daniel Scioli, el intendente Gustavo Pulti y el presidente del festival, José Martínez Suárez, y un breve discurso de Liliana Mazure, presidente del Incaa, quien destacó «no casualmente esta inauguración coincide con el sexto aniversario del día en que le dijimos No al Alca». Será por eso, quizá, que este año en vez del desfile de lindas chicas de La Guardia del Mar la ciudad estuvo presenciando marchas de La Campora, CTA y otras entidades populares.
El discurso celebró también el comienzo de un nuevo reparto de responsabilidades entre el Incaa, Provincia y Municipio para la organización y financiación del festival. No es la primera vez que se intenta. A juzgar por los primeros resultados, e igual que en ocasiones anteriores, una de las tres patas de la organización todavía no se puso las pilas. Por suerte, el equipo específico del festival funciona bien y la programación atiende tanto a quienes insisten en convertir esto en un Bafici playero (hay algunas películas aburridas para ellos), como a los habitués tradicionales de la Perla, que son mayoría.
A señalar, para todos, la retrospectiva del maestro García Berlanga con «El verdugo», «Esa pareja feliz», etc. presentada por el teniente Broseta de «La vaquilla» en persona, es decir, José Sacristán, excelente lote de películas en copia nueva que lamentablemente (nada es perfecto) no incluye la que hizo Berlanga en la Argentina, «Las pirañas», con Ana María Campoy como suegra de Rodolfo Bebán, y Juan Carlos Calabró como futura víctima.
Otra retrospectiva interesante, la de cine francés anterior a la Nouvelle Vague, ideal para jóvenes que desdeñan lo viejo, y para viejos que saben lo que es bueno. Y al lado, las de tono político dedicadas a Raymundo Gleyzer y Rodolfo Kuhn, de quien el mismo sábado ya se vio «Todo es ausencia», 1984, sobre las Madres de Plaza de Mayo. Respecto a las Abuelas, el jueves habrá un homenaje a Estela de Carlotto, cuando se presente el film sobre su vida, interpretado por Susú Pecoraro.
Yendo a las novedades. No hubo desfile de lindas chicas, pero sí estuvieron, relucientes frente al Provincial, las cupés de Juan Manuel Fangio, los hermanos Gálvez y otros automovilistas de la famosa carrera Buenos Aires-Caracas 1948, impresionante hito deportivo evocado en un buen documental, «La Caracas», de Andrés Cedrón. Desde Junín y Balcarce llegaba gente para ver la película. Una pena, que su presentación haya coincidido con la de «¡Vivan las antípodas!», la obra oficial de inauguración (que ya había inaugurado Venecia).
Esta película de título entusiasta, coproducción germano-holando-argentino-chilena, fue presentada por su autor, Victor Kossakovsky, con una anécdota que lo pinta por entero: «Estaba en Entre Ríos mirando a un pescador, y pensé qué habría del otro lado del planeta. Me comuniqué con mi hijo, que casualmente estaba por ahí cerca, y me contestó No lo vas a creer, hay una mujer vendiendo pescado».
A partir de ese chiste, el autor unió la balsa San Justo, sobre el Villaguay, con el puente más grande del mundo, en Shanghai, y luego Chile y Rusia, España y Nueva Zelandia, Botswana y Hawai, en un paseo cordial e ingenioso, digno de verse en pantalla grande.
Menos cordial, pero que varios gustaron ver en pantalla grande, resultó la primera argentina en competencia, «Graba», del plástico Sergio Mazza («El amarillo»), sobre una joven que espera la visa de trabajo en una Paris invernal, gris azulada, donde apenas se permite la relación con otro solitario. Digamos, la gente gustó ver, precisamente, la escena de la relación propiamente dicha, interpretada con particular realismo por Belén Blanco y Antoine Raux.
«Improviso todo, pero esta escena la estudiamos bien. Los actores ya sabían que debían hacerla desde el primer día que les conté el proyecto. No se sorprendieron cuando llegó el momento. Pero encuadramos cuidadosamente cada ángulo, y eso les permitió actuar con plena confianza», contó el realizador a este diario. Antes, cuando alguien le preguntó dónde se rodaron los interiores, mencionó un nuevo barrio parisiense: «En Burzaco, o Burzaque». «En el 18° arrondisement», aclaró Belén Blanco, más seria.
* Enviado Especial


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