El vocero del Ministerio de Salud, Mohamed Fath Alah, precisó que la cifra corresponde a todo el país y la mayoría de las víctimas son civiles. En El Cairo murieron 61 personas en la plaza Rabea al Adauiya y 21 en la plaza Al Nahda, agregó. Pero distintas fuentes de la Hermandad Musulmana aseguraron que los muertos oscilan entre al menos 600 y 1.000.
Entre los fallecidos hay dos periodistas extranjeros, Habiba Ahmed Abd Elaziz, de Gulf News, y Mick Deane, de Skynews; y 43 policías, de acuerdo con información del Ministerio del Interior, que negó el uso de armas de parte de las fuerzas de seguridad pese a que los reportes y las imágenes de la matanza muestran balas de alto calibre. La cadena Al Arabiya informó que 28 cadáveres hallados en la plaza Rabea tenían signos de tortura.
El desalojo varias veces preanunciado llegó ayer a la madrugada en las plazas Rabea al Adauiya y Al Nahda, en El Cairo. Agentes policiales y militares, apoyados por helicópteros, tanques blindados y topadoras, avanzaron sobre los campamentos que habían levantado hace un mes y medio los seguidores del presidente depuesto, reclamando que regrese al poder y el fin del golpe de Estado encabezado por el general Abdel Fatah al Sisi.
El campamento más pequeño, el de Al Nahda, quedó desmantelado a las 9 de la mañana hora local, mientras que el más numeroso, cerca de la mezquita de Rabea, a las 14 locales.
Las imágenes de televisión mostraron a agentes con máscaras antigases que se acercaban a la plaza protegiéndose detrás de vehículos blindados, y manifestantes enmascarados que incendiaban colchones y neumáticos para hacer barricadas, en medio de una nube de gases lacrimógenos. Una vez en el campamento, las tiendas fueron incendiadas por las fuerzas de seguridad. De acuerdo con testigos, en muchas de ellas había mujeres y niños que se estaban refugiando de la represión.
La violencia se extendió a otras partes del país, donde fuerzas islamistas llevaron a cabo ataques en represalia contra edificios estatales en la península del Sinaí. En Naser y Giza, testigos informaron que la Policía lanzó al principio sólo granadas de gas lacrimógeno contra los manifestantes que respondieron con piedras y botellas. Más tarde hubo disparos por parte de ambos bandos.
Los islamistas atacaron 22 iglesias, de las cuales siete eran católicas y el resto, coptas.
El premier interino, Hazem el Beblaui, en un mensaje emitido cadena nacional, dijo que la Policía actuó con "la máxima consideración" durante las operaciones de desalojo y justificó la matanza: "Ningún Estado que se respete podía tolerar la ocupación de un mes y medio de dos plazas por miles de manifestantes".
Horas después, y pese a la condena internacional por el baño de sangre, el ministro del Interior, Mohamed Ibrahim, advirtió que "no se permitirán otras sentadas en ninguna plaza, ningún lugar, en el país".
El presidente de transición egipcio, Adli Mansur, decretó el estado de emergencia en todo el país por un mes a partir de la tarde de ayer. La medida permite que se realicen redadas y detenciones sin una orden judicial.
Además, tras las violentas batallas callejeras desatadas entre islamistas y la Policía luego del desalojo y la feroz represión, el Gobierno estableció el toque de queda en 12 de las 23 provincias del país, en las que regirá entre las 21 y las 6, en las que nadie podrá salir a la calle. El portal de noticias Al Ahram informó que el toque de queda podría estar vigente durante un mes.
El estado de emergencia fue casi permanente durante las tres décadas de dictadura de Hosni Mubarak, derrocado en 2011 en el punto culminante de la "primavera árabe" encabezada por la Hermandad Musulmana.
La Hermandad Musulmana llamó a los egipcios a manifestarse de forma masiva contra la operación policial. "Esto no es un intento de dispersar, sino de aplastar las voces de la oposición al golpe militar", escribió en Twitter el portavoz del grupo Gehad al Hadad.
Por su parte, el vicepresidente interino, Mohamed el Baradei, renunció al cargo tras la masacre. "Presenté mi dimisión porque no puedo asumir la responsabilidad de decisiones con las que no estoy de acuerdo. La Policía no debería haber desalojado violentamente los campamentos de los seguidores de Mursi porque aún no se habían agotado todas la alternativas pacíficas", se justificó. "Lamentablemente de lo ocurrido se beneficiarán aquellos que llaman a la violencia y el terror", agregó el Premio Nobel de la Paz.
Varios países europeos y Estados Unidos cuestionaron la violencia aplicada contra los manifestantes y exigieron el llamado a elecciones. Irán condenó duramente el "baño de sangre" en Egipto y advirtió del peligro de una guerra civil en el país. Qatar, principal apoyo de la Hermandad Musulmana, también denunció "el método utilizado contra manifestantes pacíficos".
| Agencias AFP, DPA, EFE, ANSA y Reuters, y Ámbito Financiero |


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