No es lo que quiere el cacique de Tigre. En rigor, en el menú de opciones que explora para el año próximo, la alternativa «no jugar» es la menos deseada. A pesar de eso, sometida a los zigzagueos de los días y los ánimos, está muy lejos de ser descartada.
El viernes, como parte de la coreografía de candidato al acecho, Massa juntó a más de 1.000 dirigentes para reforzar la promesa de que en 2013 estará en la grilla electoral aunque sin precisiones sobre con qué dispositivo, qué marca electoral y qué socios.
«Vamos a ser protagonistas del proceso electoral», dijo para no despedir con las manos vacías a los alcaldes, legisladores y operadores que se amontonaron en Tigre y se fueron, más allá de la cautela del anfitrión, convencidos de que fue un lanzamiento informal.
El desfile de caciques junto a Massa opera como una navaja de dos filos: le aporta volumen para encarar una aventura electoral -aunque, en la picadora última, nunca se sabe quién sigue- pero genera compromiso con los que, a riesgo de castigos K, se muestran a su lado.
Aun los agentes dobles y triples, y los fans de la trifecta que reverencian a Cristina de Kirchner, apuestan a Scioli para 2015 y simpatizan con Massa, un fin de semana de junio de 2013 van a tener que mostrar sus cartas y los movimientos prematuros pueden, entonces, resultar caros. El viernes, invitados por Massa, estuvieron los intendentes Sandro Guzmán (Escobar), Joaquín de la Torre (San Miguel), Luis Andreotti (San Fernando), Humberto Zúccaro (Pilar), Gabriel Katopodis (San Martín), Marcela Passo (Lavalle), Patricio Hogan (Miramar), Carlos Selva (Mercedes), Gilberto Alegre (Villegas), Luis Acuña (Hurlingham) y, entre otros, José Eseverri de Olavarría.
Graciela Camaño, madrina de Massa en su primigenia militancia en el PJ de San Martín, Jorge DOnofrio, Osvaldo Goicoechea, Raúl Bozzani, Juan Amontarain, Ramiro Gutiérrez, Sergio «Chino» Villordo, Jorge Sarghini, Juan José Álvarez y, entre otros, Jorge Villaverde.
La euforia de la despedida se nutrió del fraseo de Massa, que dijo no ser «un candidato en alquiler», planteó la necesidad de «armar en los 135 distritos de la provincia» e invitó a la autocrítica del peronismo por no haber construido, en las últimas décadas, una figura propia para llegar a la gobernación.
Hacia atrás, la ráfaga barrió a Carlos Ruckauf y Daniel Scioli; y hacia adelante, a Alicia Kirchner, oferta que agitan los K como cabeza de lista del FpV el año próximo en la provincia.
«Hace muchos años que los bonaerenses resignamos la conducción del peronismo en la provincia de Buenos Aires y siempre aparece alguien que porque mide bien, o porque tiene cual o tal amigo, termina conduciendo los destinos de la provincia de Buenos Aires», precisó.
En la desmovilización de los invitados, la hipótesis era que Massa dio el primer movimiento de un paso de baile que completará en enero o febrero, cuando confirme, públicamente, que será candidato a diputado nacional.
Tiene, por lo pronto, el dispositivo jurídico para jugar suelto, por afuera del FpV, aunque se cuida de no cuestionar a Cristina de Kirchner. «No voy a ser de los que miren para atrás y no reconozcan que en los últimos diez años muchas cosas se hicieron bien en la Argentina», afirmó como si pensara en los informes que al rato se enviarían a Santa Cruz.
Pagó con mansedumbre las silbatinas de La Cámpora en su contra, la última en Benavídez, delante de Cristina de Kirchner, lo que en Casa Rosada se explica como un aviso al tigrense para que desista de lanzarse a competir en las legislativas del año próximo.
Es lo mismo que piensa Scioli, que apuesta a que su vecino, más allá de los amagues, no sea candidato en octubre. Hay, en eso, una cuota enorme de deseo: el gobernador advierte que la irrupción de Massa en la grilla electoral puede obligarlo a tener que tomar posición.
En el juego de posiciones, aparecen alternativas cerradas y abiertas. Veamos:


Dejá tu comentario