9 de julio 2009 - 00:52

Mastellone insiste: La Serenísima no cambiará de dueños

Pascual Mastellone
Pascual Mastellone
Pascual Mastellone debió reiterar ayer que La Serenísima no está en venta, y mucho menos vendida. El empresario remitió una nota a la Bolsa porteña -con copia a la Comisión Nacional de Valores- en la que informa que «los accionistas de esta sociedad tienen decidido conservar sus tenencias accionarias y mantener inalterada la conducción histórica de la empresa».

Salvo que se arriesgue a pasar a la historia como un mentiroso (algo que quienes conocen la personalidad de «Don Pascual» descartan de plano) o a ser sancionado por las autoridades bursátiles por brindar información falsa a los inversores, la carta de ayer debería bastar para terminar con las versiones lanzadas por varios medios de una hipotética venta de Mastellone Hermanos (La Serenísima) a grupos tan diversos como la francesa Danone, la local Arcor o un frigorífico brasileño.

En su misiva de la víspera, Mastellone se remite a dos cartas previas (del 16 y del 24 de junio de este año) en las que se refería a «ciertos artículos periodísticos vinculados a hipotéticos cambios en la conformación accionaria de esta sociedad». Agrega que, no obstante lo explicado en esas dos cartas anteriores, «en los días subsiguientes han continuado los trascendidos periodísticos señalando, con distintos matices, que la empresa estaría en un proceso de venta». Por eso, concluye la carta, «les informamos que los accionistas de esta sociedad tienen decidido conservar sus tenencias accionarias y mantener inalterada la conducción histórica de la empresa».

Luego de conocido este párrafo, lo único que podría hacer insistir a algún medio en la versión de la venta de La Serenísima sería una tozudez inexplicable.

Como se recordará, la principal empresa láctea del país atraviesa dificultades financieras producto de su endeudamiento, del bajo precio de la leche y de los controles impuestos por el controvertido secretario de Comercio Interior Guillermo Moreno. Pero sobre todo por la deuda que mantiene el Gobierno con la empresa -que rondaría los $ 900 millones- por el no pago de unos subsidios creados justamente por Moreno para compensar a los tamberos por la diferencia entre el costo de producir un litro de leche y el precio que les pagan las grandes empresas lácteas. Hasta ahora esa diferencia la sufragó La Serenísima, sin que el Gobierno se la reembolsara.

En plena campaña electoral, Néstor Kirchner y el gobernador bonaerense y candidato testimonial Danel Scioli le prometieron a Mastellone un auxilio con fondos de la ANSES; eran los días en que Kirchner estaba seguro de ganar en Buenos Aires y en todo el país, y seguramente si así hubiera sucedido el «auxilio» habría llegado. Con la nueva realidad política que emergió después del 28 de junio, Mastellone deberá pensar en otra alternativa para evitar una crisis financiera: hoy no parece probable que el Gobierno de los Kirchner aparezca «salvando» a una empresa nacional de las garras de un «monstruo» como Danone, y menos con los escasos fondos que van quedando en las arcas del Estado.

Lo llamativo de la versión Danone es que la francesa no sólo no admitió nunca tener interés en adquirir la mayoría accionaria de Mastellone Hermanos, sino todo lo contrario: desde las cercanías del «top management» del grupo se insistía a quien quisiera oírlos que no habían iniciado gestión alguna en ese sentido, y negaron de plano cualquier fantasía de reuniones en París, General Rodríguez o cualquier otro lugar. Ahora, la carta de «Don Pascual» -imposible que sea más clara- echa luz sobre estas versiones.

Sergio Dattilo

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