Máxima presión del G20 a Putin en para que le ponga punto final a la invasión a Ucrania

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Putin se hizo representar por su canciller Lavrov, quien rechazó las exigencias. También países aliados de Moscú abogaron por un pronto final a un conflicto que ha desquiciado la economía internacional.

Nusa Dua (Indonesia) - La cumbre del G20 en Indonesia aumentó ayer la presión internacional sobre Rusia, con múltiples llamados, incluso de países cercanos a Moscú, para que ponga fin a la guerra en Ucrania, la que ha tenido devastadoras consecuencias en todo el mundo.

La acción diplomática coincidió con una andanada amplia de bombardeos sobre ese país del este de Europa (ver nota aparte), lo que incrementó la preocupación de los líderes occidentales.

“Estados Unidos condena con firmeza los últimos ataques con misiles de Rusia contra Ucrania, que parecen haber alcanzado edificios residenciales en Kiev y otros sitios en todo el país”, dijo el asesor de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, Jake Sullivan.

Incluso países habitualmente cercanos a Moscú como China o India se sumaron a los pedidos de paz, aunque sin apuntar directamente a Rusia.

En su intervención, Xi Jinping expresó su firme oposición al “uso como arma de los problemas alimenticios y energéticos”, aunque también criticó las sanciones occidentales contra Moscú.

En la víspera, después de una reunión con el presidente estadounidense Joe Biden para poner límites a la creciente rivalidad entre las dos potencias, Xi coincidió con su interlocutor en denunciar las amenazas de usar armas nucleares en el conflicto.

A pesar de las divisiones internacionales sobre la cuestión de fondo, las delegaciones, incluida Rusia, pactaron un borrador de comunicado final que subraya el “inmenso sufrimiento” causado por el conflicto y señala que “la mayoría de miembros condenaron con firmeza la guerra en Ucrania”. Obviamente, este último punto no tiene unanimidad.

El escrito declara que el uso de armas nucleares o la amenaza de recurrir a ellas es “inadmisible”, en un mensaje velado a Vladímir Putin, pero reconoce que existen “otros puntos de vista” en el bloque.

Poniendo la cara

El presidente ruso faltó a la cumbre en la paradisíaca isla de Bali y envió a su ministro de Relaciones Exteriores, Serguéi Lavrov.

A diferencia de una reunión del G20 de julio, en la que abandonó la sala, el canciller ruso aguantó estoicamente, incluso cuando apareció por videoconferencia el presidente ucraniano Volodímir Zelenski.

“Estoy convencido de que ahora es el momento en que la guerra destructiva de Rusia debe y puede terminar”, afirmó este, quien planteó un decálogo de condiciones para ello. Entre ellas se destacan “la implementación de la Carta de la ONU y la restauración de la integridad territorial de Ucrania”, así como “la retirada de las tropas rusas y el cese de las hostilidades”.

En declaraciones posteriores, Lavrov dijo que esas condiciones para iniciar negociaciones “son manifiestamente no realistas” y acusó a Occidente de desplegar una “guerra híbrida” contra su país.

Exhortaciones

Los llamados a la paz comenzaron desde la misma inauguración de la cumbre por parte del presidente indonesio Joko Widodo, quien se ha mantenido neutral durante el conflicto.

“Tenemos que terminar la guerra. Si la guerra no termina, será difícil que el mundo avance”, dijo Widodo, advirtiendo que no se debe caer “en otra guerra fría”.

El conflicto en Ucrania y sus devastadoras consecuencias monopolizaron la primera sesión de debate de la cumbre, dedicada a la seguridad alimentaria y energética.

Después de casi nueve meses de guerra, Ucrania repelió el intento de asalto inicial contra Kiev y en los últimos meses recuperó importantes extensiones de terreno, incluida la reciente reconquista de Jersón, la única capital provincial tomada y anexada por Rusia.

Con las armas retumbando en el este de Europa, muchos países del mundo experimentan una inflación que hunde a millones de hogares en la pobreza y amenaza con una recesión global.

Las delegaciones incluyeron en el borrador del comunicado final un llamado a renovar el pacto entre Moscú y Kiev para permitir la exportación de cereales ucranianos, que caduca el 19 de noviembre, una petición a la que se sumó Zelenski.

El acuerdo cerrado en julio con la intervención de la ONU y Turquía permitió empezar a exportar los 20 millones de toneladas de cereales bloqueadas por el conflicto en Ucrania, uno de los principales productores mundiales de grano.

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