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Mercado granario sigue sufriendo la crisis financiera
Las estimaciones anticipan una baja cosecha de girasol en la Argentina.
Resultará muy difícil que las plazas granarias se logren recomponer de no mediar un cambio en el humor de los mercados financieros que hoy cuentan con un fuerte sentimiento deflacionario, afectando las cotizaciones de los cereales, metales, futuros de energía y todo lo relacionado con las plazas de materias primas básicas.
Los mercados bursátiles volvieron a repetir en el curso de esta semana las cotizaciones que se registraban en 1997, añadiendo aún mayor incertidumbre sobre los efectos que esta recesión global tendrá en el corto plazo. El índice Dow Jones llegó a cotizarse muy cerca de los 7.000 puntos, algo impensado un año atrás, cuando en octubre de 2007 se registraba su récord, que representa prácticamente el doble de los precios de hoy.
La revista especializada en el mercado de oleaginosas Oil World prevé una magra cosecha de girasol en nuestro país. En su última publicación, estos especialistas proyectan que la cosecha de nuestro país se ubicará solamente en los 2,6 millones de toneladas en la presente temporada. A su vez, la Secretaría de Agricultura estimó en su último informe que la campaña de girasol de este ciclo alcanzará solamente los 2,4 millones de toneladas: la más baja de los últimos 22 años.
Se consignan como elementos gravitantes en esta caída la sequía que afectó principalmente a las provincias de Buenos Aires y la Pampa. Estos distritos cuentan con el 69% del área total dedicada a este cultivo, comparado con el 67% de la campaña anterior y el recorte del área de esta campaña, que pasó de los 2,6 millones de hectáreas el año anterior a 1,93 millones de hectáreas esta campaña.
Pesimismo
El año anterior, la Argentina produjo 4,4 millones de toneladas. Como consecuencia de esta merma en la producción, Oil World vaticina que las exportaciones de aceite de girasol caerán a un rango de entre 880 y 920 mil toneladas en el presente año calendario, en comparación con el 1,3 millón de toneladas de 2008, asumiendo que los stocks finales caigan por debajo de las 100 mil toneladas.
Las existencias al mes de enero, que se ubicaban en 165 mil toneladas, permiten que la caída de las exportaciones proyectadas no sea aún mayor. Las exportaciones de harina de girasol se recortarían en un 50% en relación con la campaña anterior, a un nivel de 500 mil toneladas.
Por su parte, el mercado comienza a debatir cuánto maíz y cuánta soja se sembrarán en la próxima campaña norteamericana. El dato resulta relevante dado que EE.UU. es el principal productor mundial de ambos productos. En este sentido, Shawn McCambridge, analista de maíz de Prudential Bache, estima que, una vez más, el clima tendrá, como en todas las temporadas, un rol fundamental. Los avances genéticos han impedido que bajo circunstancias climáticas adversas, los rendimientos declinen, pero cabe consignar que hace ya varios años que los Estados Unidos no enfrentan ningún acontecimiento climático adverso de importancia.
Las temperaturas de este invierno (aún más bajas que lo habitual) reducirán el riesgo de insectos durante la primavera y esto contribuirá a reducir la demanda de pesticidas.
En relación con los costos de producción para implantar maíz, McCambridge proyecta un incremento del orden de los u$s 40 por hectárea, atribuible básicamente a los costos de fertilización.
En tres años, desde la campaña 2006 hasta la actual, los costos para implantar maíz se incrementaron en alrededor de u$s 340 por hectárea, siendo los fertilizantes los responsables de la mitad de este aumento.
Es probable que con los precios actuales, los productores que por motivos de rotación se vean forzados a cultivar maíz lo realicen con una inversión muy prudente. Una de las formas de recortar costos, según el analista, sería la utilización de menores dosis de fertilizantes y la eventual reducción de la población de plantas por hectárea. De tomarse esta decisión, habrá que bregar por condiciones climáticas ideales para no perder rendimientos.
Resulta evidente que el mercado de maíz se vio beneficiado en las últimas campañas por el incremento de la demanda doméstica norteamericana, como resultado de los buenos precios internacionales de la carne y la demanda que se generó a partir del crecimiento en la industria de etanol en los Estados Unidos. En el primer caso, los productores ganaderos de este país atraviesan una situación de márgenes negativos, situación que determinó una importante liquidación de cabezas.
Por el lado de las fábricas de etanol, la mayoría enfrenta serios problemas financieros que tornan inviable su continuidad. Muchas de ellas se han presentado recientemente en bancarrota y otras trabajan a un mínimo operativo. Esta situación no se logrará revertir en tanto los combustibles de origen fósil continúen deprimidos como consecuencia de la reducción en la actividad económica mundial.
Estas circunstancias, además de la relación de precios entre el maíz y la soja, determinarán una menor siembra del primer cultivo, lo cual no implica necesariamente una mejora sustancial en las cotizaciones, por las dos razones ya señaladas.


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