Paquita la del Barrio, famosa embajadora de la canción romántica, comparte un tema con un parroquiano en el bar debajo de su casa en la colonia Guerrero.
«Dijo el poeta: 'vive hoy hijo mío; mañana harás literatura'. Combata el miedo y la ignorancia con la que ya se escribió. Compre libros: 50 por ciento de descuento». Carteles como éste podían leerse en librerías de México DF, de los pocos locales que permanecían abiertos al público la semana pasada. Todavía no hay cifras de ventas de libros, pero sí las hay de otros «entretenimientos» caseros. Este fin de semana, Blockbuster, según la sección de finanzas del diario «El Universal», «reactivó a más de 150.000 personas que habían dejado de acudir con regularidad a rentar películas y en total atendió a más de 300.000 clientes».
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Todo el resto fue (y sigue siendo) pérdida. Justo para estos días inciertos la Fox habìa programado el estreno mexicano de «Wolverine», con el nuevo héroe hollywoodense Hugh Jackman al frente del elenco. A juzgar por la infinidad de afiches que inundaban la ciudad se trataba de un lanzamiento espectacular, vale decir costoso. Como es sabido, los cines, igual que los teatros, estadios deportivos y hasta iglesias se cerraron, y el estreno se pospuso hasta nuevo aviso.
Zona MACO, «la Feria de Arte Contemporáneo más grande de Latinoamérica», con expositores de todo el mundo, llegó a inaugurarse el 22 de abril en el Centro Banamex, pero como todo el resto, debió cerrar sus puertas antes de tiempo (se extendía hasta el 26) por las disposiciones federales sanitarias, con los quebrantos no solamente económicos correspondientes.
Lo mismo sucedió con otro acontecimiento anual del DF: el Festival Internacional de las Culturas de la Resistencia, «Ollinkan», que se realiza en Tlalpan, un barrio del sur de la ciudad, y en cada edición convoca a distintos países para que exhiban su actualidad musical. Este año, entre los invitados especiales estaban Holanda e Inglaterra. Antes de la cancelación definitiva, sólo se pudieron presentar los holandeses.
Por lo tanto, quien buscaba entretenimiento, debió hacerlo por vías menos ortodoxas. Con paranoia y todo, hubo fiestas privadas, fundamentalmente al principio del alerta, cuando todavía la entonces «gripe porcina» era mirada con otro escepticismo que el que vino después en forma de las teorías conspirativas hoy por todos conocidas. Aunque en ellas, todo el mundo vigilaba obsesivamente que su copa, su plato, sus cubiertos, no cayeran en otras manos, mexicanos al fin, la consigna era divertirse. A los ojos extranjeros (a nuestros psicoanalizados ojos argentinos) puede resultar extraño que, aún con la procesión por dentro, casi no se hablara del «asunto». Ya Buñuel, Eisenstein y Jodorowsky, por citar sólo tres ejemplos de ojos extranjeros, dejaron constancia en sus películas de su fascinación por una cultura que tiene una relación distinta con el dolor y la muerte.
En esas fiestas obviamente no faltaba música tecno y otros ritmos internacionales, pero al final, los rezagados, terminaban siempre -como acá, ya algo alegres, se cantan tangos-, entonando con mucho sentimiento esas canciones de amor que un iluminado, a quien sólo se alude como «Poncho», recopilò en ocho CDs con el título «Hermosa basura». Son discos caseros que, al menos en el DF, todos conocen y según se sospecha, inspiraron un espectáculo, actualmente en cartel.
La «embajadora principal» de estas canciones hoy, porque las canta sin atisbo de parodia, es Paquita la del Barrio. Atractivo personaje que abrió un bar debajo de su casa en la colonia Guerrero, ahí nomás del Centro Histórico, donde siempre se la anuncia, pero hay que tener suerte para conseguir escucharla, porque «baja según el estado en que se encuentre y cuando se le antoja».
La «música de banda» (de algún modo el equivalente de la disonante y pegadiza música balcánica de Kusturica y compañía), está bastante devaluada, desde que las letras se volvieron himnos narcos. La presencia argentina en esa cultura merece atención aparte. Como en España y prácticamente todos los países de habla hispana, Les Luthiers son palabras mayores (más de una vez oímos recitar fragmentos enteros de sus espectáculos). Pero también se escucha hablar con admiración de otros «referentes» como Cris Morena. Nadie olvida, por ejemplo, el éxito arrasador de la versión local de «Rebelde Way» (allá llamada «RBD»), que cuando se hizo en vivo en el Auditorio, el teatro cerrado más grande de México con capacidad para 11.000 espectadores, provocó graves tumultos con intervención policial incluida.
«Ni Gustavo Ceratti», otro ídolo, «llena solo el auditorio», nos dijo Rivelino Alonso Díaz, hasta hace poco experto en premios de MTV México y ahora a punto de estrenar empresa propia «La última vez se presentò en el Metropolitan», una sala más modesta. «Pero cuando vino con Soda Stereo, en la gira de reencuentro del grupo, ahí si llenaron el Estadio Sol», donde entran 50.000 personas.
Entre otros ecos de nuestra TV de exportación pudimos saber que aunque «Lalola» no tuvo la repercusión que alcanzó en otros países (Brasil, entre otros), ya se prepara la versión mexicana de «Los Pells». Verónica Castro va a hacer en ella el papel que acá hace Mirtha Busnelli. Suena raro, pero allá aseguran que, «la Castro se reveló como actriz en un capítulo vernáculo de 'Mujeres asesinas'». Eso sí, también aclaran, que la reediciòn mexicana de este unitario de Polka «no pegó mucho en el público», porque se hizo respetando estrictamente los libretos originales argentinos (como en nuestro país las versiones de «La niñera» y otros), y «los temas, especialmente por tratarse de mujeres, eran demasiado localistas». Entre lo actual, de lo que más se habla es de «Epitafios 2», que se ve por el protagonismo de Cecilia Roth, considerada una estrella a la altura de las locales.
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