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“Mi público es el profesor y la señora de la limpieza”
• DIÁLOGO CON ANDRÉ RIEU, QUE EL MES PRÓXIMO HARÁ VARIOS LUNA PARK CON SUS CLÁSICOS POPULARES
Fenómeno de boletería y blanco del ataque de la crítica conservadora, el violinista, director y empresario holandés vuelve a la Argentina.
André Rieu. Con la música a todas partes: viaja siempre con una orquesta propia de más de 100 integrantes.
Dialogamos con él.
Periodista: Usted rompió con los mandatos de la tradición de la música clásica. ¿Cómo fue recibido eso por sus colegas, por su padre, por la prensa?
André Rieu: Nuestra ruptura sucedió en 1994 con el álbum "Strauss & Co" y el Vals Nº 2 de Shostakovich, que de repente todos cantaban en las calles y en los estadios de fútbol. Mi padre era director de orquesta de la Limburg Sinfonie Orkest. Para un concierto en épocas de carnaval hizo vestir a los músicos con trajes de Mozart. Yo era un niño todavía y me encantó. Así que quizás yo tomé eso de él. Al final de su vida, él se sentía orgulloso de mí; me escribió una carta que todavía tengo. Mis colegas, que son los músicos de mi orquesta, por supuesto están felices. Y en cuanto a la prensa, hay periodistas que aman lo que hago y algunos que no. Pero eso le pasa a cualquier artista, es nuestro destino.
P.: ¿Cuánto ha cambiado usted desde sus comienzos en los 80 hasta hoy?
A.R.: Espero que no mucho. Siempre le digo a mi mujer: "Cuando veas que me siento completo, por favor decímelo"; ella es la que me pone los pies sobre la tierra. Yo no tengo manager, trabajo con mi orquesta, nos alojamos en los mismos hoteles, comemos la misma comida. Lo único que ha cambiado es que en la actualidad elijo cuidadosamente qué invitaciones, fechas y pedidos aceptaré.
P: ¿Lo que hace es música clásica o está más cercano al pop?
A.R.: No pienso en ese tipo de categorías. Si una melodía toca mi corazón sé que va a tocar también el de los demás, más allá de si es música clásica, pop, folk, cantada o instrumental. He tocado valses de Strauss, canciones de Andrew Lloyd Webber y músicas de ópera y películas, he invitado a Jermaine Jackson al escenario en Maastricht.
P.: ¿Esa heterodoxia de criterio la ve también en sus audiencias?
A.R.: En mi público está el profesor y la señora de la limpieza. No son ni del mundo del pop ni del de la música clásica, como puede suceder con los 3 tenores o con Andrea Bocelli, por ejemplo. Son jóvenes y viejos y muchas familias, porque mi música sirve para que abuelos, padres y nietos se diviertan por igual.
P.: ¿Cuándo siente que es el momento de producir un nuevo disco? ¿Es meramente una cuestión comercial?
A.R.: Grabo un disco nuevo por año. No depende de cuestiones comerciales. Yo siento que hay mucha música maravillosa en el mundo, bellas melodías que es muy bueno grabar. Tengo mi propio estudio en Maastricht y mi conjunto es la más grande orquesta privada del mundo. Mi mujer y yo elegimos los tracks para cada nuevo CD y después nos metemos en el estudio para grabarlo.
P.: Sus cifras de venta y sus discos de oro y platino son equivalentes a los de muchas estrellas del pop. ¿Qué sensación le causa ver a colegas violinistas, o de otros instrumentos, con audiencias tanto más pequeñas?
A.R.: Me siento muy afortunado de que mi música llegue a tanta gente. También, que muchos managers y jefes de discográficas me hayan mandado al diablo cuando yo era joven: "Andá a grabar para tu abuela...", me decían. En Melbourne, en 2008, nos vieron 38.000 personas. Yo no soy un solista, tengo mi orquesta, un staff de 100 personas. Los solistas están siempre solos y yo jamás estoy solo; estoy siempre rodeado de mi familia y de mi orquesta. Ellos son además solistas virtuosos pero nuestro concepto de trabajo es diferente.
P.: Siendo usted holandés, ¿qué lo atrajo tan especialmente en la música austríaca, en el vals y en Johann Strauss?
A.R.: Cuando tenía cinco años escuché a mi padre dirigir el "Danubio azul", de Strauss, en el bis de un concierto. En ese instante, la audiencia completa empezó a sonreír, la atmósfera cambió completamente. Entonces sentí que ese tipo de música era mágica, que alegraba a la gente, que podía hacer bailar al mundo.
P.: ¿Cómo es Maastricht y qué lo lleva a seguir viviendo allí?
A.R.: Es un lugar adorable. Actualmente, estamos preparando siete conciertos para hacer en la plaza central, algo que repetimos cada año. Es un lugar perfecto para vivir y para relajarse. Pequeño, acogedor, romántico y no agitado como las grandes ciudades.
P.: Viaja con 60 músicos y 10 cantantes. ¿Suma también artistas locales en cada lugar?
A.R.: A veces invito a algunas figuras locales para hacer melodías propias de cada lugar. No invito a directores; sólo a cantantes o a instrumentistas.
P.: ¿Cómo será esta nueva visita a Buenos Aires?
A.R.: Amo Sudamérica, pero la Argentina en particular se ha convertido en mi casa. Buenos Aires es una ciudad fascinante. Es un lugar donde he hecho amigos. Hace unos años invité al bandoneonista Carlos Buono para tocar "Libertango" y "Adiós Nonino" y cada noche esos dos temas eran el punto más alto. Carlos es una persona cálida y un músico maravilloso, pero en verdad me parece que refleja lo que es la Argentina, un país que muestra sus emociones.


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