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Miley Cyrus conformó a sus (aún) pequeñas fans
Aunque su imagen y su repertorio están a años luz de la inocente Hannah Montana, el público que llenó River para ver el impecable show de Miley Cyrus estaba conformado mayoritariamente por niñas acompañadas por sus padres.
Pop juvenil, rock and roll cómodamente digerible, con pizcas más o menos disimuladas de pimienta y chile jalapeño. Saga que tiene a Madonna como la reina madre y a varias princesas, como Britney Spears o más recientemente Lady Gaga. Mucho marketing a partir de la televisión. Una empresa poderosa que instaló el personaje a través de la súper taquillera película «Hannah Montana» y que terminó dejando una secuela que ni el más optimista podía suponer. Una adolescente todavía -tiene apenas 18 años- que ya arrastra una vida intensa en cuanto a amores y desencuentros publicados -su pareja, de la que se había separado y con la que volvió a juntarse, es el actor australiano Liam Hemsworth- y que tiene su video «porrero» circulando por la web. Una chica que a la edad en que la mayoría todavía no sabe ni remotamente cómo será su futuro, se ha transformado en multimillonaria y ha tenido que ponerse al frente de sus muy lucrativos negocios.
Miley Cyrus nació en Nashville, en 1992. Tiene tres álbumes de estudio publicados -el ultimo es «Cant Be Tamed»- y varias giras en su haber. Acaba de pasar por Buenos Aires como parte de ese recorrido y de actuar frente a un estadio River repleto a precios que siguen sorprendiéndonos (entre 120 y 850 pesos). Y lo más curioso de todo es que pese a su cambio de figura y de aspecto, de la niñita de «Hannah...» a la mujer sexy con ropas atrevidas y gestualidad provocativa, sigue siendo ídolo de las más pequeñas, que constituyen el público más numeroso de River de la mano de padres y madres.
Lejos de lo que podría suponerse para este tipo de propuesta, Cyrus prefiere poner el acento más en el estilo «recital» que en el formato «show». Es cierto que hay pantallas gigantes y bailarines que acompañan escenográficamente a las canciones, o que sus cambios de ropa, su aspecto osado, la imponente puesta de luces o la enormidad del escenario, dan cuenta de una artista internacional en gira de estadios. Pero su propuesta nada tiene que ver con otras al aire libre como las que ofrecieron también en nuestro país, por ejemplo, Madonna o U2. Miley canta y lo hace muy bien, con afinación y potencia. Su repertorio -calcado en distintos puntos del tour- se reparte entre todos sus discos y no faltan sus versiones de temas de Nirvana: «Smell Like Teen Spirit»; Poison: «Every Rose has Its Thorn»; o un popurrí de Joan Jett. Menos preparada para la escena, sus movimientos -a los que todavía les falta maduración y entrenamiento- resultan algo torpes, subida a los varios centímetros de sus larguísimas botas de ama dominadora. Y como no podía ser de otro modo, todo lo técnico es impecable: sonido, músicos, coro, bailarines, puesta, luces, pantallas, etc.; aunque nada ni nadie logra opacar a la cantante ni distraer la atención que siempre se ubica sobre ella.


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