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Mísia, del fado a la vida de una singular criatura de Tabucchi
Mísia. Su papel como el travesti del cuento de Antonio Tabucchi.
Heras dispuso para esta adaptación unos pocos recursos escenográficos: una cama de hospital y fotografías proyectadas que van acompañando el relato. La dramaturgia está sostenida casi exclusivamente en el personaje central que representa la portuguesa Mísia -en perfecto castellano ibérico, que habla con comodidad por herencia materna-. Esta artista es más conocida como cantante, ya que es figura descollante del fado. Aquí, otras veces antes, prácticamente abandona ese territorio de confort ligado a la música. El desafío es grande porque debe sostener 80 minutos hablando y mirando al público, cambiando vestuarios, alternando estados de ánimo. Y aunque por momentos se la nota algo contenida y solemne, logra cumplir con el cometido. Su actuación va de menor a mayor, en el mismo sentido del texto, y en el final termina conmoviendo a la platea, poco antes de que su personaje ingrese a una sala de operaciones de la que no sabe si logrará sobrevivir.
A Mísia se sumaron el pianista italiano Fabrizio Romano, que cubre los pequeños momentos de cambio de vestuario y cumple el papel de pianista acompañante, y la actriz portuguesa Joana Brandão, como la silenciosa enfermera que la prepara para el quirófano. Como parte del relato dramático se incluyen fragmentos de temas populares en los años en que se sitúa la pieza, y tres canciones completas que Mísia interpreta ataviada ya como Giosefine: "Los mareados" ("un tango de los años '40", dice erróneamente Tabucchi), una canzonetta napolitana y una brillante versión de "Ojos verdes", la que logra sacar los aplausos más cerrados del público que quizás haya extrañado a la Misia cantante plena.


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