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Mitos y verdades sobre deuda e intereses
Desde finales de la década de 1960, la deuda pública de la mayoría de las naciones ha estado creciendo en forma continuada. En EE.UU. la relación deuda pública total/PBI era del 41% en 1980. Ahora supera el 100%; no obstante, la tasa de interés a 10 años primero creció del 6,67% anual, al final de la década de 1960, hasta casi el 14% en 1981 por la contracción monetaria para frenar la inflación, hasta la actual del 2,7% nominal. Y en títulos ajustados por inflación, el rendimiento cayó del 3% anual, antes de la crisis en 2007, al actual 0,6% anual. Es ese lapso, la deuda federal de EE.UU. aumentó del 58% al 104%. Lo mismo el Reino Unido y demás países avanzados. El caso de Japón es emblemático, con una deuda del 50%, en 1980, y superior al 240% en 2013, paga las menores tasas de interés del planeta, el 0,6% nominal anual a 10 años y el 1,75% a 40 años. El conjunto de los países de la OECD presenta un endeudamiento público del 110%, cuando en 2008 alcanzaba sólo el 40%. Y las tasas pagadas por la deuda nacional cayeron drásticamente. Cabe advertir que al término de la Segunda Guerra Mundial, el endeudamiento había alcanzado los niveles actuales para luego caer a un poco más del 25%, a finales de la década de 1960 y principios de 1970.
No obstante la creciente deuda pública, manifestada desde mediados de la década de 1970, las tasas reales de interés tocaron un pico en 1982 -época de la crisis de la deuda en la Argentina y el resto de Latinoamérica- para luego ir descendiendo paulatinamente. Hoy los países con nexos financieros fluidos pagan tasas de interés reales muy cercanas a cero.
Seguramente existen varias y diversas explicaciones de por qué las tasas reales de interés han estado decreciendo marcadamente hasta llegar a cerca de cero, o incluso negativas, a pesar de las deudas públicas tanto más voluminosas, en continuado ascenso. El Fondo Monetario Internacional dedica todo un capítulo de su último World Economic Outlook al tema, donde propone varias explicaciones.
Desde el punto de vista de la economía que enfatiza los encuadres institucionales, la mayor confianza generada por gobernanzas transparentes/previsibles, con funcionarios responsables ante el electorado, la Justicia y demás entes de control ciudadano justifica la baja del riesgo y, con ello, la menor inflación y menores tasas reales de interés. En general, las deudas tanto públicas como privadas se expanden en contextos de desarrollo económico y social. El progreso conduce a la progresión de contratos. El mismo acto o actividad económica se divide en mayor número de contratos para satisfacer a un número más grande de actores económicos y así obtener mayores valores. Más riqueza. En consecuencia, a medida que las naciones maduran se multiplican los instrumentos financieros y las deudas. El desarrollo aumenta los activos financieros, las deudas de los actores económicos, más que la producción de bienes y servicios.
La falacia de la incidencia de la deuda pública merece mayores estudios. Su influencia en la política económica de una nación es muy considerable.


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