23 de septiembre 2013 - 00:00

Moguilevsky solo, una experiencia distinta

Presentación de "Buey Solo". Marcelo Moguilevsky (recitado, flauta, clarinete, saxo, piano, percusión, etc). (Café Vinilo, 19 de septiembre; los jueves).

Del jazz al klezmer, de la música de cámara al folklore, de la poesía musicalizada a las experimentaciones sonoras, de la canción a lo puramente instrumental, Marcelo Moguilevsky fue y es parte de numerosos proyectos grupales, colectivos o sostenidos en su responsabilidad como director y compositor. Lo más actual es su presencia en Puente Celeste y sendos dúos que reflota constantemente con Juan Falú, Quique Sinesi o César Lerner. Pero hacía un tiempo que, además, venía acariciando la idea de subirse solo a un escenario, rodeado de instrumentos e incluso chirimbolos diversos y hurgar en su propia cabeza, sin otra complicidad que las ideas que irían surgiendo a partir de pautas autoestablecidas con anterioridad. Y podía darse ese gusto, además, porque si bien sus instrumentos de base son los vientos -los saxos, los clarinetes, las flautas, la armónica- debe considerárselo en realidad como un multiinstrumentista, capaz de tocar el piano y las percusiones, cantar y hasta "decir" como un actor.

Este "Buey solo" terminó de concretarse en noviembre del año pasado, cuando se presentó en Vinilo, un lugar que ha hecho muy propio. De la experiencia, resultaron un CD y un DVD que acaban de publicarse en una edición muy bien presentada; y ahora volvió al espacio de Palermo para reflotar la idea en una serie de conciertos.

No es fácil explicar lo que hace; o a la vez puede ser muy sencillo. En algo más de una hora se suceden piezas con melodías más o menos tarareables (todas creaciones suyas), efectos sonoros de percusión, juegos que resultan visuales en sus búsquedas tímbricas o de altura (por caso, el agua que va bebiendo de una copa para ir cambiéndole la afinación), fragmentos poéticos de enorme vuelo de Borges, Jun'ichirTanizaki, de Henning Mankell, ruiditos que pueden salir de un papel abollado o unas piedritas usadas como sonajero.

Los instrumentos por los que pasa, siempre tocados de manera poco convencional -salvo en el caso del piano; quizá porque es el que maneja con menor soltura- integran también una lista muy amplia y se van sucediendo en las diferentes piezas o superponiendo gracias a la ayuda de la tecnología, otro aliado fundamental de esta propuesta. Así, Moguilevsky pasa por el saxo soprano, el clarinete, el clarón,la kalimba, el shofar (un cuerno natural de origen judío), la flauta de pico contralto, la armónica, el duduk (una suerte de oboe armenio tradicional) y alguno más. Y a eso hay que sumarle sus juegos percusivos, los silbidos, el agua que pasa de la botella a la copa, etcétera.

Ver y escuchar a Moguilevsky en este proyecto solista es una experiencia distinta. Improvisa pero no como un jazzista. Canturrea melodías pero cuesta hablar abiertamente de canciones. Toca todo muy bien pero no es el concierto de un virtuoso. Y, a la vez, es todo eso. Escuchar a este muy importante artista, en este plan, es una experiencia muy recomendable, en especial para que aquellos que se aburren con lo muy conocido.

R.S.

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