8 de diciembre 2010 - 00:00

Mónica Cabrera: del off al reconocimiento popular

Mónica Cabrera y los gajes de la fama: «Por la calle me gritan ‘Chau, malparida!’, y sé que es afectuoso, aunque así expresado parezca un insulto».
Mónica Cabrera y los gajes de la fama: «Por la calle me gritan ‘Chau, malparida!’, y sé que es afectuoso, aunque así expresado parezca un insulto».
Mónica Cabrera acaba de reponer en el Teatro La Carpintería (Jean Jaures 858) su unipersonal de humor «El sistema de la víctima» y el próximo 17 de diciembre lanzará su primer disco de canciones «La cantatriche» con los temas que interpretó en sus últimos espectáculos. Para la temporada 2011 ya fue convocada por el director Oscar Barney Finn para integrar el elenco de «Ceremonia secreta», basada en la novela homónima de Marco Denevi. La obra, cuyo estreno está previsto para julio, estará encabezada por Susana Rinaldi y Carina Zampini.

Cabrera cuenta con una prestigiosa carrera en el circuito independiente como actriz, directora y dramaturga, pero hasta el año pasado solo había incursionado en televisión con pequeños bolos. Su elogiada participación en «Tratame bien» (en el papel de Rosa, una insumisa empleada doméstica de escaso libreto y elocuente gestualidad), la llevó a integrar el elenco de «Malparida», la telenovela que protagoniza Juana Viale.

Gracias al éxito del programa y a la comicidad de su personaje (Mabel, una mujer escéptica y dada a sarcasmos) Cabrera ha logrado llevar al teatro a un nuevo target de público que desconocía la escena alternativa. Entre sus nuevos seguidores se encuentra, por ejemplo, Mirtha Legrand.

Periodista: ¿De «Tratame bien» a «Malparida» cambió el público que la sigue?

Mónica Cabrera: Sí. A mí me parece que a «Tratame bien» lo veía gente muy discreta. Algunos me saludaban con mucho respeto, casi sin mirarme, o me decían: «Perdóneme que la moleste... ¡qué buena actriz es usted!». A «Malparida», en cambio, la ve un público más masivo que tiende a apropiarse de los personajes. Ahora cuando me ven por la calle me gritan: «¡Chau Malparida!» que suena como un insulto (se ríe) o me dicen: «Usted no es tan gorda ni tan vieja como sale en televisión». Y me lo dicen con afecto. Me recuerdan a esas tías que te dicen cualquier barbaridad y uno se queda pensando si son buenas o malas. A mí lo que me llama la atención es que la mayoría de la gente que ve «Malparida» son hombres. Todos los taxistas y basureros la ven y me hacen comentarios y bromas.

P.: ¿Qué le dicen?

M.C.: «¡Entregá a Juanita! ¡Eh, Mabel ¿cómo está Juanita? Mandale saludos». Lo dicen porque Juanita Viale está esperando un bebé. Nunca la llaman por el nombre de su personaje. Es toda una mescolanza de realidad y ficción y al mismo tiempo es muy raro porque su personaje, Renata, es una asesina serial... y sin embargo la gente la quiere.

P.: Hace poco la vimos en «Almorzando con Mirtha Legrand», precisamente en un momento en que varios artistas empezaron a cuestionar a la conductora.

M.C.: Ir a comer a lo de Mirtha Legrand fue para mí una experiencia maravillosa. Me sentí cuidada, y muy valorada como actriz. Yo a Mirtha la sigo por su carrera, vi todas sus películas. En los intervalos de publicidad me puse hablar con ella de cine y de otras grandes actrices como Tita Merello y Niní Marshall. Lo disfruté mucho. No entiendo esto que se dio ahora de estar a favor o en contra. A mí me parece que estoy en una industria y que si me pongo a cuestionar a los empleadores y a los autores, a los contenidos o a mis compañeros, no podría trabajar en ningún lado, porque en todas las empresas puedo llegar a encontrar algo que no corresponde.

P.: ¿Mirtha fue a verla al teatro?

M.C.: Sí, pidió su reserva personalmente y después de la función se quedó como 45 minutos charlando conmigo y cubriéndome de elogios. Analizó el espectáculo con todo detalle, saludó a todo el mundo, escuchó sin interrumpir. Fue como recibir la visita de una reina. Además yo sentí que hablaba con una persona joven, atenta a todo lo que sucedía a su alrededor. Me encantaría hacerme amiga para seguir hablando de su carrera actoral, obviando toda cuestión ideológica.

P.: ¿Está de acuerdo en como conduce el programa?

M.C.: Su programa es un gran lugar de difusión para los actores y si ahora ella empieza a meterse en el teatro alternativo le va a abrir una puerta a mucha gente. Ahora se armó este debate por cosas que ella opina como si fuese una novedad. A mí este debate me supera. Yo no estoy de un lado ni del otro. Me parece un episodio muy barato que no habilita ninguna confrontación de ideas. La gente que tiene un pensamiento más conservador, no es más buena o más mala que la gente que quiere la igualdad del mundo y la patria socialista. Esto de que uno es bueno si votó a Kirchner y es mala persona si vota a Duhalde me parece una gran mentira. No podemos simplificar todo a ese extremo.

P.: Cambiando de tema ¿Qué otros proyectos tiene en vista?

M.C.: Voy a seguir con «El sistema de la víctima» hasta el 17 de diciembre y luego retomo en febrero y marzo. En abril voy a estrenar la segunda parte de «Dolly Guzmán no ha muerto».

P.: ¿Va a continuar en «Malparida»? El grupito de la oficina es el preferido del público.

M.C.: Con la oficina se creó una especie de microprograma dentro de la propia telenovela. Es el mundo común, con cosas de humor que alivian la tragedia griega que viven los protagonistas. Ellos viven en un mundo de dioses que se odian y se matan, mientras que sus empleados son los cómicos que como en las obras de Shakespeare van haciendo sus monigotadas.

Entrevista de Patricia Espinosa

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