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Moyano-Espinoza, duelo que apura retiro del camionero
Hugo Moyano, Fernando Espinoza, Mario Ishii
Fernando Espinoza -que ocupa una butaca en la Junta Electoral del FpV- quiere desratizar de boletas opositoras la primaria del 14 de agosto. Moyano ubicó a su cacique matancero, Luis Velázquez, como primer candidato a concejal en la lista que encabeza Miguel Saredi.
Hasta anoche, cuerpeaban sobre la supervivencia o no de esa tira interna. El alcalde presionaba para que la den de baja. Moyano, que enfrenta quejas en su propia tropa sindical por la magra cosecha de candidatos en la oferta K, no quiere sumar otra derrota.
A esa tempestad se suma otro actor: Ricardo Bruzzese, lord matarife que aportó la logística para el plan Carne para Todos, que había desistido de competir en la interna, reapareció como referente local del bloque que postula a Mario Ishii contra Daniel Scioli.
Espinoza operó, en todos los frentes, para que ninguno de esos rivales llegue al 14. Le elevó, incluso, un pedido a la Presidente para que haga bajar a Bruzzese. Se anotó una negativa. El empresario, amigo de Guillermo Moreno, se vinculó a Ishii vía un operador con acceso a Olivos, Roberto Porcaro.
Incómodo
El expediente Moyano es diferente. El camionero, tras el cierre de listas que lo tuvo como un observador lejano -ese día, cuando ardían los teléfonos, se refugió hasta tarde en su casa-, terminó de asumir que su permanencia al frente del PJ bonaerense es un asunto terminado.
Asumir la jefatura del partido fue pura pérdida. Tensó, al extremo, la relación con los intendentes del conurbano, chocó con Daniel Scioli y hasta tuvo más de un desencuentro con Néstor Kirchner por ese asunto. Encima, su incidencia en las lista fue menor.
Es cierto que ató acuerdos en varios distritos del conurbano. Pactó con Darío Giustozzi (Brown), Darío Díaz Pérez (Lanús), Mariano West (Moreno) y, entre otros, Martín Insaurralde (Lomas de Zamora), pero esos acuerdos hubiesen surgido incluso sin presidir el PJ.
Es más: Espinoza no aceptó que Velázquez se sume a la boleta oficial, por lo que el jefe del gremio de Camioneros de La Matanza -además es adjunto de la CGT de la zona local que comanda Carlos «Ruso» Gdansky- se alió a Saredi para desafiar al intendente.
En el conurbano sur, Moyano recurrió a una alianza inusual: en Esteban Echeverría, distrito que domina Fernando Gray, quizás el intendente que más batallas públicas tuvo con el camionero, el moyanismo comparte boleta con el Nuevo Encuentro de Martín Sabbatella.
El líder de Camioneros y la CGT local, Fabián Arévalo, integra la boleta sabbatellista como candidato a concejal. Gray también les cerró la puerta en la cara a los referentes del sindicalismo en el distrito, por lo que éstos, obstinados, pactaron con Sabbatella.
Los armados locales -desde Villa Gesell, donde estuvo la semana pasada, hasta el Partido de la Costa, Ranchos o, entre otros, Azul- son episodios aislados que apenas dan un soporte local a lo que consiguió para Facundo, como diputado nacional, y para Héctor Martínez, que preside la mutual camionera en Mar del Plata.
Pero esa base -se trata, en total, de algo menos que 20 concejales «a salir»- no constituye ningún soporte para pretender su reelección como jefe del PJ bonaerense, mandato que se le termina en 2012.
Su exclusión de Moyano de la mesa de confección de las boletas K, que alcanzó también a intendentes y a jefes territoriales, cerró un círculo negativo. Admite, en reserva, que el año próximo los intendentes irán por él y tratarán, sí o sí, de desplazarlo de la cima del partido.
El contexto general no es mejor. Su vínculo distante con la Presidente también pone en duda su continuidad al frente de la CGT. Así y todo, por estas horas, festeja en silencio el desastre porteño: porque refleja que la muñeca cristinista no es infalible; y porque esa derrota daña a Carlos Zannini, la figura del staff oficial que Moyano más desprecia.
Pero es un consuelo menor. Como los elogios que Amado Boudou le dedicó días atrás y las consideraciones sobre la importancia de contar con el respaldo de los gremios para encarar un eventual tercer Gobierno K. Quizá, sólo quizá, esa etapa Moyano la observe desde un lugar con menos exposición. Y menos poder.


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