1 de septiembre 2009 - 00:00

“Muchos musicales son una tortura para los oídos”

«Los musicales más famosos como ‘Evita’ o ‘El fantasma de la ópera’ tienen un tema bueno y los demás son meras variaciones. Ya no se componen obras como ‘My Fair Lady’», sostiene el puestista Kado Koszter.
«Los musicales más famosos como ‘Evita’ o ‘El fantasma de la ópera’ tienen un tema bueno y los demás son meras variaciones. Ya no se componen obras como ‘My Fair Lady’», sostiene el puestista Kado Koszter.
«Ya no existe ningún compositor en el mundo que pueda componer cuarenta minutos de buenas canciones. Y en la Argentina mejor ni hablar. Los musicales que se hacen acá son una tortura para el oído». Así lo afirma el director Kado Kostzer, cuya filiación artística se remonta al Instituto Di Tella, quien en su nuevo espectáculo, «La hora italiana» (a estrenarse el próximo 11 de septiembre en el Teatro Caras y Caretas) rinde un homenaje al cancionero peninsular, aquellos temas que a través del Festival de San Remo conquistaron el mundo en los años 50, 60 y 70.

«Los espectáculos que creamos con Sergio García-Ramírez son minimusicales que nos permiten apartarnos de las fórmulas impuestas por los musicales anglosajones», agrega Kostzer. «Talismán, dedicado a la canción romántica mexicana, y Loca por Lara no fueron meros shows en los que un tema se sucedía a otro. Nosotros los concebimos como obras teatrales. La hora italiana también narra una historia de back-stage con humor, apuntes sociales y canciones interpretadas en vivo».

Periodista: ¿De qué trata esta comedia?

Kado Kostzer: Es un programa de radio en el que los dos conductores Wanda Minetti e «il comendatore» Loris de Martinoli (Ana María Casó y Julio López, respectivamente) son enemigos acérrimos, pero frente al micrófono simulan ser la pareja ideal. Hay muchos enredos que por accidente salen al aire entre mensajes comerciales de dudosa ética y llamadas telefónicas de los oyentes. Las canciones son interpretadas en vivo por Paula Castignola, en el papel de Silvana, una joven cantante presa de un extraño sortilegio, y por Ramiro Moreno Hueyo, un fóbico animador de fiestas judías devenido en cultor del repertorio italiano. La escenografía de García Ramirez incluye dibujos de Carlos Garaycochea realizados especialmente para la obra.

P.: ¿Por qué eligió un programa de radio?

K.K.: Yo tengo fascinación por ciertas cosas bizarras y hay algunos programas de la comunidad italiana que tienen esa cosa familiera y medio pasada de revoluciones que a mí me divierte mucho. Acá todo está un poco exagerado pero se escuchan temas fantásticos. Me encanta que en ese programa, tan precario y hecho a pulmón, aparezcan una chica y un muchacho que cantan de manera sublime.

P.: ¿Cuántos temas se escuchan?

K.K.: Una cantidad impresionante. Algunos están en popurrí para poder abarcar más canciones, porque el material daría para cinco espectáculos. Hay de todo: temas melancólicos o románticos como «Dio come ti amo», «Ho capito che ti amo» «Ciao, Ciao Bambina» y «Fra noi» y temas muy divertidos como «Viva la pappa con pomodoro», «Renato» o «Il ballo del mattone». Es un material ganador cien por cien, porque son todos hits. No hay ningún tema flojo o que pueda ser considerado menor.

P.: ¿Qué pasó con el Festival de San Remo?

K.K.: Sigue haciéndose, pero sin difusión internacional. El apogeo de la canción italiana se dio entre los años 50 y 70. De los 80 sólo incluimos un hit de Fred Bongusto y ahí se acabó. Le cuento que en 2005, Paula, nuestra cantante, se anotó para competir en San Remo y estuvo entre las cuarenta finalistas. Se habían presentado 400 aspirantes y ella era la única extranjera porque el festival está dedicado exclusivamente a la canción italiana. Es una lástima que haya ido perdido trascendencia. Yo tengo discos editados en Estados Unidos titulados «The best of San Remo». Era un Festival que marcaba tendencias en todas partes. Pero en Italia hubo un vaciamiento cultural. Ya no hay ni buenos compositores, ni grandes directores de cine, ni estrellas internacionales.

P.: ¿Los italianos que viven en Argentina van al teatro?

K.K.: No lo sé. Hasta ahora las dos comunidades más fieles al teatro que conozco son la española y la judía. Las demás no lo frecuentan. A mí me interesaba que esta obra tuviera un clima festivo porque cuando yo era chico el teatro era una fiesta. Por eso me gustan las grandes compañías y ver a los actores, en el saludo final, ocupando el escenario de punta a punta.

P.: ¿Qué experiencias recientes tuvo?

K.K.: Hace poco monté en Tucumán la opereta «La viuda alegre» de la que participaron 120 personas. La ambientamos en 1950 con un despliegue escénico digno de un musical de Broadway. Tengo el proyecto de traerla a Buenos Aires.

P.: ¿Por qué descalifica tanto al género musical?

K.K.: Veamos... Los musicales más famosos como «Evita», «Jesucristo superstar» y «El fantasma de la ópera», tienen un tema bueno y los demás son meras variaciones. Ya no se componen musicales como «My Fair Lady» que tiene ocho temas maravillosos, o «Hello Dolly». Yo trabajé con Piazzolla, como letrista de «Familia de artistas», y creo que él fue el último músico, a nivel internacional, que podía escribir grandes temas. Ya no existe ese tipo de compositor y si existe... que me golpee la puerta, así lo encadeno acá y nos ponemos a trabajar juntos.

Entrevista de Patricia Espinosa

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