Este martes, en Les Corts, Barcelona, será despedido el director y guionista Jaime Camino, muerto el sábado a los 79 años. Nacido en Barcelona apenas un mes antes del estallido de la Guerra Civil, gran parte de su obra estuvo dedicada a las consecuencias de esa carnicería, lo que en muchos casos lo llevó a enfrentarse con la censura del generalísimo Franco y sus continuadores. Por ejemplo, "España otra vez", sobre un brigadista internacional, "Un invierno en Mallorca", "Las largas vacaciones del 36", "El largo invierno", "El balcón abierto", "Dragon Rapide", y los documentales "La vieja memoria" (testimonios de políticos que vivieron la guerra) y "Los niños de Rusia", sobre los chicos que sus padres enviaron a la Unión Soviética para protegerlos, y volvieron ya demasiado grandes y viejos.
Ésta fue su última película, y quizá la mejor y más emotiva. La estaba terminando, en 2001, cuando le descubrieron un cáncer de pulmón con metástasis cerebral, y empezó una lenta decadencia. Abogado, con estudios de piano y armonía, Camino también fue novelista, ensayista, productor, cofundador del Institut del Cinema Catalá, y asimismo autor de algunas películas totalmente ajenas a la guerra, como "Los felices 60" (una mujer casada encuentra el amor), "Mañana será otro día" (crítica al negocio de la publicidad), "Un invierno en Mallorca" (los amores adúlteros de Chopin y Georges Sand) y "Mi profesora particular", erodrama con Analía Gadé y un jovencísimo y peludísimo Joan Manuel Serrat, 1973, que acá fue la película más vista de Camino (y eso que era muy mala).
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