24 de septiembre 2009 - 00:00

Murió López Lamadrid, editor agudo e innovador

Toni López Lamadrid construyó un catálogo rico, independiente, e impuso a Kundera y John Irving en español.
Toni López Lamadrid construyó un catálogo rico, independiente, e impuso a Kundera y John Irving en español.
Antonio López Lamadrid, o Toni, falleció el lunes pasado en Barcelona. Se va una rara avis: un editor de los que hacen lo que se les da la gana, pero que tienen los pies en la tierra. Que se juegan por lo que creen, y además tienen éxito, en una industria donde eso es casi imposible. Su compañera de toda la vida, Beatriz de Moura, puso su genialidad, su enorme talento para la edición, su gusto, su sabiduría para construir un catálogo rico, donde cada libro merecía publicarse -de muy pocos catálogos puede decirse lo mismo.

Toni puso el trabajo árido: la empresa, la distribución, la expansión a América Latina, los agotadores viajes transatlánticos, que a los europeos siempre les han parecido cinco veces más espantosos que a nosotros, las negociaciones con libreros, las discusiones de precios, asociaciones con colegas... Juntos construyeron lo que ha llegado a ser Tusquets Editores, como hoy la conocemos, una de las editoriales de mayor prestigio de habla castellana, que festejó hace pocos meses sus 40 años.

No eran editores independientes aferrados a una fantasía, eran editores que querían vivir haciendo eso: editando. Fueron innovadores, consecuentes, y los factótum de lo que es hoy la edición literaria moderna en lengua castellana. Lograron que fueran best sellers autores como Milan Kundera, John Irving, o Almudena Grandes, crearon colecciones ya míticas como Andanzas o la erótica La Sonrisa Vertical, y el Premio Comillas de biografías y memorias, con ganadores como Jorge Edwards con «Adiós Poeta».

En la década de los 90 probaron la tentadora experiencia de muchos: vendieron la editorial. Tuvieron por fin la cuenta de banco holgada, más que holgada. Pero debieron pagar el precio de pasar a formar parte de otra cosa, de un proyecto ajeno, regido por criterios completamente diferentes. El experimento duró poco; fueron a la cuenta del banco, volvieron a los compradores -José Manuel Lara, de Planeta, luego Ricardo Rodrigo, de RBA- y recompraron su libertad, recuperaron dos veces Tusquets y la pasión de seguir editando.

Toni Lopez llegó a la industria editorial desde una actividad tan diferente como fácilmente complementaria: era el dueño de La Balsa, uno de los restaurantes más chics de Barcelona, sobre las laderas del Tibidabo, con una estupenda terraza y una mejor cocina. Elegante, amistoso, de gran risotada y abrazo gigante, a veces parecía distraído mientras hablaba contigo, pero no te podías engañar: escuchaba atentamente, preguntaba certeramente. Sabio frente a los vaivenes de sus empresas en Latinoamérica, dejaba hacer a sus gerentes lejanos.

Mariano Roca abrió Tusquets Argentina en 1987, por encargo de Toni que lo mandó así, sin pensarlo mucho, dándole su completa y total confianza, sin dudarlo. Y fue esa confianza, grande y generosa, la que lo animó más tarde a abrir México y Miami, incansable en la aventura que seguía corriendo con Beatriz. Conocí a Toni en mis comienzos en la edición, a mediados de los 80. Un día le pedí una entrevista -en mis tempranas incursiones «laterales», como periodista de libros- y me invitó a La Balsa. Yo no esperaba que me tomara tan en serio -yo

era solamente una joven entrometida-- y en realidad fue genial, yo preguntaba y él explicaba, conciso.

Aprendí mucho en ese almuerzo, y luego a lo largo de la vida, nunca dejé de consultar a este hombre simpático, inteligente, desprejuiciado y generoso. Toni será recordado por mucho tiempo, y será echado de menos por demasiada gente, de ambos lados del Atlántico. Con todos ellos compartiré al menos, y sin dudarlo, una cosa: el inmenso privilegio de haberlo conocido.

(*) Editora

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