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Murió López Lamadrid, editor agudo e innovador
Toni López Lamadrid construyó un catálogo rico, independiente, e impuso a Kundera y John Irving en español.
Toni puso el trabajo árido: la empresa, la distribución, la expansión a América Latina, los agotadores viajes transatlánticos, que a los europeos siempre les han parecido cinco veces más espantosos que a nosotros, las negociaciones con libreros, las discusiones de precios, asociaciones con colegas... Juntos construyeron lo que ha llegado a ser Tusquets Editores, como hoy la conocemos, una de las editoriales de mayor prestigio de habla castellana, que festejó hace pocos meses sus 40 años.
No eran editores independientes aferrados a una fantasía, eran editores que querían vivir haciendo eso: editando. Fueron innovadores, consecuentes, y los factótum de lo que es hoy la edición literaria moderna en lengua castellana. Lograron que fueran best sellers autores como Milan Kundera, John Irving, o Almudena Grandes, crearon colecciones ya míticas como Andanzas o la erótica La Sonrisa Vertical, y el Premio Comillas de biografías y memorias, con ganadores como Jorge Edwards con «Adiós Poeta».
En la década de los 90 probaron la tentadora experiencia de muchos: vendieron la editorial. Tuvieron por fin la cuenta de banco holgada, más que holgada. Pero debieron pagar el precio de pasar a formar parte de otra cosa, de un proyecto ajeno, regido por criterios completamente diferentes. El experimento duró poco; fueron a la cuenta del banco, volvieron a los compradores -José Manuel Lara, de Planeta, luego Ricardo Rodrigo, de RBA- y recompraron su libertad, recuperaron dos veces Tusquets y la pasión de seguir editando.
Toni Lopez llegó a la industria editorial desde una actividad tan diferente como fácilmente complementaria: era el dueño de La Balsa, uno de los restaurantes más chics de Barcelona, sobre las laderas del Tibidabo, con una estupenda terraza y una mejor cocina. Elegante, amistoso, de gran risotada y abrazo gigante, a veces parecía distraído mientras hablaba contigo, pero no te podías engañar: escuchaba atentamente, preguntaba certeramente. Sabio frente a los vaivenes de sus empresas en Latinoamérica, dejaba hacer a sus gerentes lejanos.
Mariano Roca abrió Tusquets Argentina en 1987, por encargo de Toni que lo mandó así, sin pensarlo mucho, dándole su completa y total confianza, sin dudarlo. Y fue esa confianza, grande y generosa, la que lo animó más tarde a abrir México y Miami, incansable en la aventura que seguía corriendo con Beatriz. Conocí a Toni en mis comienzos en la edición, a mediados de los 80. Un día le pedí una entrevista -en mis tempranas incursiones «laterales», como periodista de libros- y me invitó a La Balsa. Yo no esperaba que me tomara tan en serio -yo
era solamente una joven entrometida-- y en realidad fue genial, yo preguntaba y él explicaba, conciso.
Aprendí mucho en ese almuerzo, y luego a lo largo de la vida, nunca dejé de consultar a este hombre simpático, inteligente, desprejuiciado y generoso. Toni será recordado por mucho tiempo, y será echado de menos por demasiada gente, de ambos lados del Atlántico. Con todos ellos compartiré al menos, y sin dudarlo, una cosa: el inmenso privilegio de haberlo conocido.
(*) Editora


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