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Murió Oliver Sacks, un gran humanista
Oliver Sacks, el neurólogo y humanista autor de “Despertares” y “El hombre que confundió a su mujer con un sombrero”, tenía 81 años.
Sacks tenía 82 años. Había nacido en Londres en una familia de padre y madre médicos; su madre fue una de las primeras cirujanas de Inglaterra. Se educó en Oxford y luego emigró a Canadá, para instalarse después en Estados Unidos. Llegó a Nueva York en 1965, donde ejerció y enseñó por el resto de su vida como profesor clínico de neurología del Albert Einstein College of Medicine, y profesor de neurología y psicología en la Universidad de Columbia.
Sus libros sobre los recovecos de la mente se adaptaron al cine, vendieron millones de ejemplares en todo el mundo y fueron traducidos a 25 idiomas. "Despertares", con Robert De Niro y Robin Williams (quien interpretó al propio Sacks) fue el más famoso. Allí relató su experiencia con pacientes que sufrían de una condición conocida como encefalitis letárgica y cómo podían salir -aunque brevemente- de sus estados catatónicos con la ayuda de una droga. "El hombre que confundió a su mujer con un sombrero", sobre pacientes que luchan con órdenes neurológicas que han cambiado por completo sus percepciones (personas con pérdida de memoria, o que no pueden reconocer objetos comunes, o capaces de realizar desafíos matemáticos o artísticos extraordinarios pese a su autismo) uvo una gran versión de Peter Brook en teatro, que aquí se conoció en uno de los primeros Festivales Internacionales de Buenos Aires.
A Sacks le comunicaron la mala noticia poco antes de que él la hiciera pública. Padecía múltiples metástasis en el hígado, procedentes de un tumor primigenio en el ojo detectado hace ocho años. "Me siento agradecido de haber tenido nueve años de buena salud y productividad desde el diagnóstico original, pero ahora estoy cara a cara con la muerte", escribió en "The New York Times". "No puedo decir que no tenga miedo. Pero mi sentimiento predominante es el de la gratitud. He amado y he sido amado; he dado mucho y me han dado bastantes cosas; he leído, viajado y escrito", expresó.
También escribió que, durante el tiempo que le quedara, no miraría las noticias ni prestaría más atención a polémicas políticas o al calentamiento climático. "Esto no es indiferencia sino desapego. Me sigue importando mucho el Medio Oriente, el calentamiento, la creciente desigualdad, pero éstos ya no son mis problemas. Pertenecen al futuro. Me encuentro intensamente vivo y quiero y espero que el tiempo que me quede por vivir me permita profundizar mis amistades, despedirme de aquellos a los que quiero, escribir más, viajar si tengo la fuerza suficiente, alcanzar nuevos niveles de conocimiento y comprensión. Esto incluirá audacia, claridad y hablar con franqueza".
Sacks estudió síndromes poco conocidos, como el autismo, a los que logró humanizar y hacerlos comprender por millones de personas, algo que muy pocos de sus colegas científicos lograron hacer, a excepción del físico Stephen Hawking y el biólogo Stephen Jay Gould. Otros de sus libros más renombrados son "Un antropólogo en Marte", "Migraña", "Con una sola pierna", "La isla de los ciegos al color", "El tío Tungsteno", "Veo una voz" y "Alucinaciones". Este último, publicado en 2012, recorre la mitología, la literatura folk y su experiencia personal para explorar las distorsiones sensoriales y su papel en la experiencia humana. Sacks también escribió para The New Yorker y The New York Review of Books, así como en publicaciones científicas.
Tan popular era en el mundo que recibía, como promedio, unos 10 mil mails por año. "Respondo solamente a los mails que me mandan quienes tienen menos de diez años, más de 90 o están en la cárcel", había afirmado en una ocasión. En estos últimos tiempos estaba obsesionado por la tabla periódica de los elementos y los minerales: "Con él hablamos mucho de estos temas, y de otros", dijo la escritora Joyce Carol Oates. "A menudo me parece que la vida acaba de comenzar y en cambio me doy cuenta que está por terminar", escribió una vez, tras destacar que en su vida había probado "muchas cosas, algunas maravillosas otras horribles. He escrito decenas de libros y he recibido muchísimas cartas de amigos, colegas y lectores. En otras palabras, como dijo Nathaniel Hawthorne, he gozado la comunidad con el mundo'. Entre las cosas de las que se arrepentía, señalaba el hecho de "haber perdido tiempo y haber sido terriblemente tímido hasta los 20 años. Y de hablar solamente mi lengua materna".


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