Durante décadas, la institución y él fueron sinónimos. Uno nació a comienzos de 1938, la otra en 1952, se vincularon a fines de los 50, y en 1978 él pasó a dirigirla, hasta jubilarse en 2008, tras lo cual quedó como director honorario.
Su nombre está vinculado a la expansión de archivos y centros de documentación, la creación de instalaciones adecuadas para conservarlos, la creación de ciclos y festivales (el Internacional del Uruguay, el de Invierno, etc.), una revista que hizo época, la notable colección de clásicos con bonus, apenas empezó el VHS, la pulseada con el régimen militar, que se vio obligado a tolerar sus actividades (por suerte, justo la Embajada de EE.UU. estaba editando uno de sus libros de difusión cinematográfica), los reclamos a sucesivos gobiernos democráticos en defensa concreta del patrimonio cultural rioplatense, las discusiones con el Frente Amplio, que, al ver la Cinemateca en apuros, quiso imponerle el contrato con un "estudio de asesores".
"Intentamos ser independientes y eso nos trajo problemas, porque éramos independientes de muchas cosas, incluidos los sectores políticos. Tuvimos un gobierno que pretendía que los sectores culturales fuéramos 'compañeros'", dijo Martínez Carril al ser entrevistado por "El Observador" de Montevideo en 2002, y agregó "muchos artistas son cada vez más complacientes, y el populismo hace que todo se nivele hacia abajo".
Como periodista, Martínez Carril transitó sin contagios por diversos medios uruguayos: "El Popular" (comunista), "El Sol" (socialista), "Imagen" (revista católica), "La Mañana" (colorado), etc., en algunos de los cuales llegó a secretario de redacción. "Integró una generación más politizada que sus antecesores, aunque nunca incurrió en las cuadradeces de algunos de sus colegas de entonces", escribió ayer en "El País", también de Montevideo, su colega Guillermo Zapiola.
"Su fantástica erudición, su memoria privilegiada, su puntería para identificar el elemento clave en una película y llamar la atención sobre él, con una prosa nítida en la que no faltaba, casi nunca, un irónico sentido del humor", fueron algunos de los muchos otros méritos de Martínez Carril que destacó Zapiola en esa nota.
Ultimamente despuntaba el vicio en el semanario "Brecha". De joven también integró el noticiero de radio "El espectador", fue secretario de Publicaciones de Universidad de la República, miembro directivo del Cine Club del Uruguay, la Asociación de Críticos, etcétera. De grande, fue autor de varios libros (el último, un divertido repaso por la censura oriental, data del año pasado), y también fue jurado del Festival de Mar del Plata y otros muchos encuentros internacionales, y víctima resignada de largos años de redacciones cargados de café, cigarrillos, y dolores de columna que finalmente lo obligaron al uso del bastón.
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