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Murió Susannah York, ícono del cine inglés
Susannah York en su juventud, tal como se la vio en la caracterización para «Baile de ilusiones».
Nacida el 9 de enero de 1939 en la capital británica como Susannah Yolande Fletcher en una familia acomodada, en su juventud inició estudios teatrales y obtuvo su primer papel secundario en el cine en «Whisky y gloria» («Tunes of glory», 1960), que protagonizaba Alec Guinness. En 1962, se integró al elenco de la discutible biografía de Freud que dirigió John Huston, con Montgomery Clift como protagonista, y al año siguiente Tony Richardson le dio la gran oportunidad al convocarla como coprotagonista de «Tom Jones», junto con Albert Finney, momento a partir del cual su carrera se disparó tanto en cine como en teatro, al punto de convertirse en uno de los rostros dramáticos más característicos en la cultura del «swinging London» y no mucho más tarde en las pantallas internacionales.
En los 60, actuó en títulos resonantes como «El hombre de dos reinos» («A Man for All Seasons», 1966), la entonces escandalosa «El asesinato de la enfermera George» («Killing of Sister George», 1968), de Robert Aldrich, en la que formaba parte de un sórdido triángulo amoroso lésbico con una actriz en decadencia y una productora de TV; en 1969 actuó en una superproducción de guerra, «La batalla de Inglaterra» («Battle Of Britain») y una parodia bélica, «Oh, qué bella guerra» («Oh, what a Lovely War»), de Richard Attenborough.
Ese año tan prolífico, sin embargo, participaría también en el film que le proporcionó una candidatura al Oscar como mejor actriz de reparto, «Baile de ilusiones» («They Shoot Horses, Dont They?»), protagonizada por Jane Fonda y dirigida por Sidney Pollack sobre un guión que adaptaba la famosa novela negra de Horace McCoy. Esa nominación hizo célebre una anécdota que no sólo la describe a ella sino a la época: al enterarse de que había sido elegida para integrar el rubro de candidatas, Susannah York formalizó una protesta ante la Academia por no haberle avisado (el Oscar lo terminó ganando Goldie Hawn).
A principios de los 70 coprotagonizó una versión televisia de «Jane Eyre» junto a George C. Scott (casualmente, otro objetor del Oscar), ya en 1972, obtuvo la Palma de Oro a la mejor actriz por la citada «Imágenes», quizá uno de sus mejores trabajos para la pantalla. No obstante, aquella década tal vez la hizo más popular por su interpretación de la madre de Superman en tres partes de la saga que interpretó Christopher Reeve, aunque no tuvo, al menos en el cine, papeles de relevancia dramática similares a los de los 60. Una de las excepciones fue «El alarido» («The Shout», 1978), de Jerzy Skolimowski, junto con Alan Bates.
Desde entonces, su carrera teatral se volvió mucho más importante que la cinematográfica, y en el West End londinense alternó clásicos (como «Hedda Gabler» de Ibsen y una versión dramática de «Las alas de la paloma», de Henry James). También interpretó más asiduamente miniseries televisivas.
En la integridad de su obra también se cuenta una temprana y luego no desarrollada intervención en la literatura infantil (publicó un par de títulos, uno de ellos sobre unicornios). Políticamente, militó contra el desarme nuclear y apoyó a Mordechai Vanunu, el técnico encarcelado durante 18 años por revelar el programa nuclear secreto de Israel. «A pesar de que no ignoraba que la enfermedad era irreversible», declaró ayer su hijo Orlando Wells a la prensa británcia «murió en paz, rápidamente, y sin darse cuenta».


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