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Nada más que un error olvidable
El premiado director de videoclips Mark Romanek pasa a dirigir largometrajes con «Nunca me abandones», pretencioso y aburrido film romántico con posibilidades de fábula fantástica totalmente desaprovechadas.
Es distinto hacer un videoclip que mantener la atención del espectador por casi dos horas. Esto es algo que aparentemente le cuesta entender a Mark Romanek, alguna vez realizador de videclips premiados y famosos como «Rain» de Madonna, y ahora director de films pretenciosos y realmente aburridos como «Nunca me abandones».
La historia está ambientada en un mundo paralelo donde hay unas especies de clones criados y educados desde niños en colegios especiales para que sirvan de donantes obligados de órganos a la gente común.
La existencia de esta gente es bastante triste, y lo único que les queda es el amor, en el caso de que algunos de ellos puedan enamorarse. Eso podría suceder entre una hermosa parejita de la escuela más prestigiosa para estos clones, pero lamentablemente una chica mala se interpone en el camino de los tortolitos y los separa durante años. Para colmo, esta mala acción trae aparejada algo más terrible: obviamente, estos chicos mueren al donar todos sus órganos principales, pero si demuestran que están realmente enamorados, la donación se pospone para dejarlos ser felices unos años.
Con todos los lugares comunes del más zonzo cine romántico adolescente y una música digna de un comercial de shampoo, que tortura imperturbable al espectador de principio a fin, «Nunca me abandones» desaprovecha sus elementos de fábula fantástica y arruina prácticamente todas sus posibilidades, convirtiéndose en sólo un error olvidable.
D.C.


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